domingo, 6 de marzo de 2011

La Mala Educación

La Mala Educación
por Florencia La Rosa

Los antiguos griegos ya se preguntaban si el ser humano nace malo o se hace. Dos mil quinientos años después, una teoría ha resultado predominantemente ganadora: el hombre (como género, válgale la aclaración a algunas nuevas feministas por ahí) es malo por naturaleza. Desde que utiliza por primera vez sus pulmones. Desde que sus ojos se ciegan de luz artificial. Desde que el constante contacto con el cuerpo materno se transforma en un vacío inmenso y terrorífico. El hombre (y aunque aquí sí se podría realizar el chiste de que esta vez se trata específicamente del sexo masculino, no lo voy a realizar) es malo. Y punto.
¿Solución? Madres primerizas, tomen nota. Dos puntos.
Si su bebé llora, déjelo llorar. No importa si a usted se le parte el alma al medio. Menos, si se siente culpable. Son sólo tonterías instintivas del alma femenina. Deséchelas por completo y préstele atención a la sabia voz de la ciencia. Repito. Dos puntos. Mayúscula. Déjelo llorar. Porque ese pequeño ser de tres meses le está “tomando el tiempo”. Su cerebro de ochocientos gramos planea estrategias para dominarla en todo momento. Ese bebé de, más menos, cinco kilogramos de peso, conoce a la perfección el doble discurso y le encanta burlarse de usted haciéndole creer que le duele algo, cuando en realidad se aburrió de sus tontos juguetes para bebés de cinco kilogramos de peso. Ese cachorro de alrededor de 60 centímetros de largo, teje maquiavélicas formas de acercarse a usted y reclamarle su tiempo, cuando en realidad es sabido que las tareas domésticas y el trabajo diario requieren de una gran parte de su atención. Esa cría, cuyo perímetro cefálico es de 40 centímetros, se rebela ante los horarios correspondientes de cada comida y, como un glotón anarquista, demanda tomar el pecho antes de cada tres horas (las recomendadas por su pediatra), y hasta desea quedarse más de los cinco a diez minutos estipulados de succión en cada una de sus mamas. ¡No lo permita! Repito. Dos puntos. Mayúscula. Signo de exclamación. ¡No lo permita! ¿Dónde se ha visto semejante osadía? ¿O acaso usted en sus, digamos 30 años de vida, más menos un metro sesenta de altura, cincuenta kilogramos de peso, y un cerebro de un kilogramo, come cada vez que quiere? ¿O cada vez que tiene hambre? ¿Durante más de veinte minutos?
Y ni hablar del tema de “querer estar a upa”. Intente tenerlo encima lo menos posible, así aprende desde el vamos a estar un poco solo y a valerse por sí mismo. Como usted, que al ser criada de la misma forma, no necesita de nadie y pide poco. Y por favor, no crea eso de que el enorme espacio que lo circunda lo aterra; que el no saber donde se encuentra usted le da miedo; que los ruidos son fuertes y desconocidos; o que necesita cariño constante. Esas son falacias de los débiles románticos contemporáneos. En realidad, el demandante enano quiere ser atendido debido a un enorme ego, propio del ser humano al nacer. Ese ego debe ser apaciguado por usted para formar un hombre (no vamos a repetir lo del asunto del género ya que sería sumamente obvio) sumiso y obedecedor del orden establecido. El bebé humano es un ser narcisista que sólo quiere que le presten atención porque se ama tanto a sí mismo que no soporta que nadie lo mire. ¿O acaso usted anda pidiendo abrazos y besos todo el tiempo? Y bien entiende cuando, en su defecto los pide, le dicen que no. Seguramente su marido, amigo, padre, o hermano, tendrá menesteres muy importantes de los que ocuparse, como para estar acariciándola a usted a cada rato.
Le pido por favor entonces que haga un esfuerzo y deje su animalidad a un lado, ya que es sólo eso: animalidad. Por más que quiera tener a su cría todo el tiempo con usted, darle de mamar cada vez que quiera durante el tiempo que quiera, dormir junto a él, y besarlo sin parar, ¡absténgase! Repito. Dos puntos. Mayúscula. Signo de exclamación. Subrayado. ¡Absténgase! Civilícese y deje morir de a poco a esa leona que hay en usted. Son solo restos de reflejos arcaicos que con el tiempo irán desapareciendo para mejorar la especie.
De esta manera, esté usted segura que educará a personas que serán los líderes del mañana. Que harán del mundo un lugar tan maravilloso para vivir como el que usted y nosotros estamos haciendo. Así, se preserva la especie. La especie humana. Mala por naturaleza, buena por educación. Menos mal, señora, que tenemos cultura.

sábado, 4 de diciembre de 2010

Crónica de un nacimiento respetado

Crónica de un nacimiento respetado

Regresé del primer encuentro de crianza con el corazón lleno por la satisfacción de haberme cruzado con muchos papás y mamás que piensan como nosotros: que el amor incondicional y el respeto hacia un hijo es lo más hermoso que uno puede sentir, y que gestar, parir y mater/paternar es la tarea más trascendental del ser humano. Nada más importante, nada más urgente, nada más lindo que pasarte todo el día con tu bebé en brazos, amándolo, mirándolo, dándole calor y confianza para enfrentar la hostilidad del mundo.
Casi por casualidad me crucé con mi doula Melina Bronfman. Un día, a las pocas semanas de estar embarazada fui a darle la noticia a mi prima. Su novio, Fran, tomó un papel y anotó, diciéndome:"no sé bien qué hace mi mamá, pero sé que las embarazadas tienen que llamarla". Y yo volví a mi casa pensando en que una loca me iba a volver loca, que yo era tranquila y que iba a estar todo bien, que mi mamá y mi suegra podrían ayudarme y que no tenía ganas de cruzarme con ninguna fundamentalista que me quisiera convencer de nada. Fran me había dado, sin saberlo siquiera él, el mejor regalo que recibí en todo el embarazo. Y por ello le estaré eternamente agradecida.
A pesar de mis dudas, la googleé... y la idea de la secta se fue disipando. Así llegamos al mater-pater... y me convertí en una seguidora incondicional de sus consejos. Porque Melina ama a los niños por sobre todas las cosas, porque tiene una energía tan potente que me ayudó a atravesar los momentos de duda durante el embarazo y el parto. Y porque el respeto por la maternidad es su camino... y el mío.
El primero en plantear el parto en casa fue Gustavo, mi marido. A mí todavía me daba un poco de miedo, y no quería ni pensar en blanquearlo frente a amigos y familiares... Habíamos hablado de un parto humanizado, pero en institución... a pesar del oxímoron, parece posible, en algunas instituciones y con algunos, lamento decirlo, pocos, profesionales. Pero al avanzar el embarazo,cada vez me daba más miedo meterme en una clínica, y menos, quedarme en casa... con el acompañamiento correcto, claro está. Así que hablamos con nuestra partera (Susana Rodríguez, ferviente defensora de los partos humanizados y amante de los domiciliarios), y por supuesto con nuestra doula Melina. Y avanzamos...y los análisis nos daban la razón, y yo seguía preparándome con clases de yoga, eutonía, natación y terapia... y un día: llegó el día.
Esa mañana fui a eutonía. Me había levantado bastante cansada, pero decidí no perderme la clase porque sabía que me haría sentir mejor. Hicimos TODA la clase. Volvimos caminando. Pasé por el barrio chino e hice unas compras pensando en la cena. Y después de almorzar bajé a tomar sol.Pero estaba cansada. Así que decidí dormir una siesta antes de volver a salir (pretendía asistir a un curso de radiestesia a las 18 hs)... Me desperté a las 17 y seguía cansada, por lo que decidí no ir al curso. Pero a las 18, recibí un mensaje de Meli diciéndome que el parapsicólogo que daba el curso podía saber, previa observación de mi aura, si se acercaba la fecha (ella tenía planeado un viaje relámpago a Córdoba para el día siguiente, pero estaba en dudas porque yo estaba cerca de la fecha). Decidí ir una vez finalizado el curso, para que Igor (el entendido) me dijera cuándo iba a parir.
Esa tarde, sin saberlo, a una trivial pregunta de Facebook de "¿qué vas a hacer esta noche?" yo había respondido: "si tengo suerte, pariré. si no, seguiré esperando a que se cocine el pancito".
Y 5 minutos más tarde volví a escribirle a Meli... que creía haber roto bolsa. Creía, porque había sido una fisura, así que no viví la escena clásica en la que una cree haberse hecho pis.
Gustavo, mientras tanto, decidió no dar su clase de los viernes a la noche, porque tuvo un presentimiento. Y apareció en casa, a los 10 minutos de este episodio.
Así empezó el show.
A las 20 hs llegó Susy, me tactó y vio que el cuello había desaparecido y que tenía 1 cm de dilatación. Me recomendó hacer mi vida normal, darme un baño, relajarme, diciendo que el tdp no arrancaría en menos de 6/8 hs, que no nos pusiésemos ansiosos. Y se fue, prometiendo volver a las 7 de la mañana siguiente.
Apenas hubo cruzado la puerta, empecé a tener contracciones fuertes (o al menos yo creía que eran fuertes en ese momento)... y la llamé a Meli. Llegó en un rato, prometiendo (y cumpliendo) aliviarme con masajes en las crestas. Desde que llegó, el tdp se disparó. La casa se transformó en una cueva oscura (a partir de mis gritos de "apagá las luces, gus!!!"), y poco a poco, yo iba entrando en trance.
Las contracciones que siguieron fueron mucho más fuertes, recuerdo haber dicho que no iba a aguantar 12 hs de esos dolores... (me habían dicho que los partos de primerizas suelen ser muy largos, que estuviera preparada y que optimizara mis energías para los momentos finales). Y Meli me calmó con unas palabras: no creo que dure 12 hs, viene dinámico. Feliz.
A partir de este momento, perdí la noción del tiempo, todo me pareció rapidísimo. Y en verdad lo fue, pero menos de lo que yo percibí. Entre el inodoro y la bañera pasaron las segundas (para mí las peores) contracciones. Un poco de susto que fue aplacado por la doula y Gus, y por suerte, casi en seguida, las ganas de pujar.
Meli se fue para llamar a Susy, y me di cuenta de lo importante que era tenerla cerca. El sólo hecho de saberme acompañada hacía que todo doliera menos. El trance era total, después del parto escuché la grabación de mis gritos, y realmente son animales. Es increíble ese estado, se logra perfectamente si a una la dejan ser y hacer lo que el cuerpo pide. La naturaleza nos preparó para esto, mujeres. Sepámoslo.
Uno de los momentos que más me emocionan al recordar el parto fue una respuesta de Meli ante mi asustadizo: "ahí viene otra". "¿Te gusta el mar?", me dijo. "Me encanta". "Bueno, no pienses que son contracciones. Pensá que son olas que te están trayendo a tu hija. No las esquives, dejalas que te atraviesen"... y el dolor tuvo sentido. Y ya no dolió tanto. De verdad, no es la amnesia post-parto. Es saber que el parto es una suerte de rito de pasaje que tiene ciertos obstáculos, pero no deberíamos pensar en el dolor, sino en el cambio, en la energía, en el sentido de ese dolor.
Aparentemente Susy dijo que faltaba, que no vendría aún. Pero todo siguió su curso tan rápido que Meli quiso llamarla nuevamente. Y esta vez no la dejé ir. Como tuvo que hablar a mi lado, escuché que "esto viene con bastante dinámica, ya tiene ganas de pujar, yo tengo un par de guantes estériles, etc, etc"... por lo que me di cuenta de que faltaba muy poco. Y quise seguir.
Llegó Susy (después me dijeron que fue como a las 23 hs)... sólo recuerdo pedir mucha agua muy fría entre contracción y contracción. Y allí estuvo Gus, sosteniendo la botella casi todo el parto. Quiso tactarme, para lo cual tuvieron que sostenerme entre Gus y Meli (yo ya no podía moverme, sólo me encontraba cómoda sentada en el inodoro). Escuché, entonces, otra buena noticia ("tenés 6 cm."). Susy sugirió que me pasara a la bañera para aliviar un poco los dolores y de paso, flexionar una pierna ayudando a SOfi a acomodarse (aparentemente la cabeza presionaba hacia atrás, habiendo causado mis prematuras ganas de pujar)... otra vez tuvieron que ayudarme a moverme (recuerdo haber pensado que si alguien decidía que era mejor ir a la clínica, habría sido muy difícil convencerme para subir al auto, menos mal que no fue necesario). Apenas unos minutos después de haberme pasado al agua, 9 cm!!! Nueve! y... querés que le avisemos al obstetra? Si no es necesario, preferiría que no (igual no habría llegado). En muy poco tiempo sentí un ardor muy fuerte en el periné y quise descansar de pujar (descansar, jaja!) "NOOO!", gritaron los 3 a coro, "seguí que ya está la cabeza, viene Sofi, está saliendo, pujáaaaa".
Y llegó.
Sofía llegó tranquila, nació en el agua, tenía los ojos abiertos... la pusieron en mi pecho. Y allí estuvo, desde las 0:39 del 6 de noviembre hasta la mañana siguiente. Por momentos, durmió en el pecho de Gus, por momentos en el mío. Había tomado la teta durante 40 minutos al nacer, expulsó el meconio, no fue intervenida, sólo lloró cuando el neonatólogo la tomó para pesarla y se dedicó a abrazarnos toda la noche. Fue la mejor noche de mi vida. A pesar del cansancio, la emoción no me dejó dormir, sólo podía mirar a mi cachorrita y sonreir. Mis gatos (Ramón y Elsa), perplejos y cansados, durmieron todo el día siguiente. Poco a poco, con el correr de los días, fueron acercándose a Sofi, siempre muy respetuosos. Los animales saben quién es la cría en la manada.
Me recuperé muy rápidamente del parto. Después de todo, sólo tuve 4 puntos de un desgarro en la piel (no hubo peridural ni episiotomía). Emocionalmente, fue la experiencia más emponderante que viví, deseo que todas las mujeres puedan vivir su parto como yo viví el mío. El respeto con el que fui tratada, la compañía y el apoyo incondicional de Gustavo, Melina y Susana fueron lo mejor que pude haber recibido. Estaré eternamente agradecida a los tres por haberme dejado parir tranquila, sabiendo que contaba con ellos a cada instante. Y con Sofi, que trabajó tan duro como su mamá esa noche. Gracias, hija, cachorrita, gracias por haber confiado en mí.
Sofi está cerca de cumplir su primer mes. Decidí escribir este relato porque haber leído otros relatos de otras mamás me ayudó a decidirme a parir en casa. Y creo que es lo único que puedo hacer para ayudar desde mi experiencia. Ojalá más mujeres se animen a vivir sus partos con total libertad e intensidad. Ojalá haya más doulas (considero que toda mujer debe recibir este apoyo, y que no siempre el acompañamiento de una madre o una suegra es el ideal en ese proceso. Y eso no está mal, está bueno que ellas sean abuelas, pero sepamos que las abuelas a veces tienen miedos y muchas veces no cuentan con la preparación o información con las que cuenta una doula). Ojalá existan más obstetras y parteras que quieran ver partos, no operaciones programadas. Ojalá los próximos bebés sean recibidos con el respeto con el que fue recibida mi Sofi. Ojalá esto sirva, así sea para ayudar a una mamá a vencer sus miedos y apropiarse de su parto. Una es suficiente para que yo sienta que he ayudado en algo.
El camino que se abrió aquel día en el que Fran me dio el teléfono de su mamá no terminó (por suerte) con el parto. La premisa, como mencioné antes, es el amor incondicional y el respeto por los bebés. Y la lucha sigue, porque siempre existen detractores (de la teta, de los brazos, del colecho). A ellos, cara de nada. A nosotros, sigamos así. Si tener hijos no te cambia, entonces te hubieses comprado un electrodoméstico o te hubieses ido una semana a un crucero, total, para mostrarle las fotos a tus amigos es lo mismo un bebé que una playa del Caribe. Si estás en este camino, felicitaciones! Sos de los pocos que mira a su bebé antes que a sí mismo. Y ellos se dan cuenta. Para mí, ahí radica la diferencia entre cualquier humano y un bebé feliz. Y mi idea es que Sofi sea feliz.

Gracias por tomarte el tiempo de leer mi crónica. Si terminaste, por ahí podés cambiar algo.
Julia

domingo, 28 de noviembre de 2010

Criar un adulto amoroso, responsable y respetuoso.

http://www.naomialdort.com/articles8_es.html

Sobrevivir a los dos años
Por Naomi Aldort
Autora de Aprender a educar sin gritos, amenazas ni castigos

Muchos padres sensibles a la crianza natural me llaman desconcertados cuando el comportamiento de sus hijos no parece ajustarse a sus expectativas. "¡Pero si lo hice todo bien!", decía una madre. "Tuvo un nacimiento respetado, la llevé encima continuamente, y todavía sigue tomando el pecho y durmiendo con nosotros. Ahora que tiene dos años, no estoy segura de nada, no sé cómo atender sus constantes demandas". Algunos padres tienen preguntas concretas sobre la comida, el hecho de compartir, la cooperación y las etapas de desarrollo infantil. Otros no están seguros de cuántos límites poner, ni cuánta libertad proporcionar. La verdad es que todas estas cuestiones pueden dejarnos perplejos. No tenemos modelos, y la mayoría de nosotros no estamos siguiendo los pasos de nuestros padres como referencia.

Todos nosotros amamos a nuestros hijos y queremos lo mejor para ellos. Queremos escuchar nuestros corazones, nuestra intuición, y atender las necesidades de nuestros hijos. A veces, nuestra propia infancia puede representar una dificultad para nosotros. Hasta los padres más amorosos responden a veces a sus hijos en un tono que podrá ser de todo, menos amoroso y amable. Esto suele venir de heridas del pasado que el niño abre de nuevo. ¿Cómo podemos aprender a cuidar de nuestros hijos de forma amorosa, sin la interferencia de nuestros propios recuerdos dolorosos del pasado?

La crianza natural es el camino más corto para conocer las necesidades de un niño, y confiar y responder a sus necesidades es la mejor manera de evitar que nuestras propias preocupaciones interfieran en su cuidado. Pero aún y así, a veces no acertamos. Es relativamente fácil confiar en un bebé: darle el pecho, cambiarle el pañal, mecerlo, dormirlo. Pero cuando el pequeño empieza a adquirir independencia física, las cosas pueden seguir fluyendo con la misma facilidad, o pueden tomar una dirección de nos desconcierta, y es posible que ya no sepamos qué permitir y qué restringir. Los niños pequeños necesitan nuestro liderazgo. Necesitan una guía clara y amable, junto con nuestro apoyo y nuestro "voto de confianza". La belleza del liderazgo es que la mejor manera de dirigir, en realidad, es seguir al otro.

Cuando una madre me consultó sobre cómo conseguir que su hijo de 2 años dejara de tirar los cubiertos al suelo después de cada comida, yo le pregunté cómo se sentía ella respecto a este comportamiento del niño. Ella me dijo que le rechinaban los dientes de rabia y frustración mientras trataba de evitar que el niño desarrollara esas "malas maneras en la mesa". Pero en cuanto la madre escuchó su propia conversación interior, fue capaz de separar sus propias reacciones emocionales de las verdaderas necesidades del niño. Ella recordó el dolor de sentirse "utilizada" como si fuera una "esclava" por su familia, cuando era niña. Recordó que tenía que hacer tareas que odiaba, y que le regañaban y hacían avergonzar cuando no conseguía hacerlas lo suficientemente bien. También recordó el dolor que le inflingían si actuaba con la libertad propia de la niñez, y el miedo interior que frenaba su curiosidad y vivacidad a medida que fue creciendo.

Cuando esta madre se dio cuenta de que su reacción negativa al comportamiento de su hijo estaba basada en sus propias heridas del pasado, pudo ver lo que estaba pasando realmente: el niño no estaba exhibiendo "malas maneras en la mesa"; era más bien un pequeño científico que experimentaba con la gravedad. Cuando ella pudo ser capaz de ver las cosas desde el punto de vista de su hijo, pudo maravillarse y disfrutar de estos experimentos, igual que con otras ideas creativas del niño. Entonces pudo, además, jugar con él: tomó los cubiertos de plata, los repartió, y el niño los tiró una y otra vez. Ambos pudieron reírse de esto, ya que la madre estaba actuando en consonancia con las necesidades del niño, y no en su contra.

No debe sorprendernos que este juego de "tirar los cubiertos al suelo" desapareciera por sí mismo en cuanto el niño empezó a interesarse más por otros objetos y actividades. Su comportamiento en general mejoró, y la capacidad de su madre de disfrutar con él creció a pasos agigantados. La madre aprendió a ver a su hijo como un individuo con su propia perspectiva y sus propios motivos. Cada etapa en la vida de un niño está ahí para algo. Si podemos respetar y responder plenamente a sus necesidades en cada etapa de la vida, ellos podrán pasar por esa etapa y avanzar más allá.

Potenciar la responsabilidad

Mi hijo Oliver, de 2 años, estaba sentado junto a mi lámpara para que le leyera. En cuanto terminábamos de leer un libro, quería otro más. Le besé y le dije: “Pon este libro en su sitio, y trae lo que quieras leer”. Era una tarea sencilla, y lo hizo sonriendo. La vida de Oliver estaba llena de tareas pequeñas que podía realizar fácilmente. Los zapatos se quitan cuando llegamos a casa. Luego se guardan. Cada juguete se guarda antes de elegir otro. Su padre y yo le ayudábamos, en caso necesario, a hacer estas cosas con alegría.

A veces el desorden era demasiado abrumador, y terminaba por hacer yo la mayor parte del trabajo. Mi sentido del orden, la autodisciplina y la responsabilidad entraba en escena, con o sin la participación de mis hijos. Verme limpiar la comida que ha caído por el suelo, o ayudarme voluntariamente a hacer esta tarea (a petición suya) eran herramientas mucho más útiles para Oliver que verse obligado a hacerlo él antes de estar preparado de verdad para ello. De la misma manera, mi tono amable de voz, mi generosidad y amabilidad al responder a sus necesidades, le enseñaban todo lo que un millón de palabras no conseguirían comunicar.

A los 3 años, Oliver me pedía que limpiara si la comida se caía fuera del plato. Ya le interesaba este asunto. Por el contrario, mis otros hijos no internalizaron esta actitud hasta mucho más tarde. Cada niño tiene su propio ritmo y su propia tabla de desarrollo. En una relación construida sobre el apego, los niños internalizan todos los matices de nuestra forma de ser, porque confían en nosotros. Cuando somos autodisciplinados, ellos siguen nuestro liderazgo. Cuando viven la experiencia de nuestra amabilidad y gratitud hacia ellos, se convierten a su vez en niños amables, y cuando nos ven cooperar, aprenden a cooperar.

Algunas personas pueden decir: "No, mi hij@ parece que no aprende". Yo puedo garantizarles que puede que no haya aprendido todavía, pero que lo hará tarde o temprano. Cuando haya terminado de crecer, su comportamiento será casi como el de un adulto. Puede que no cumpla con todas las expectativas de sus padres, sino con las suyas propias: crecer, realizarse plenamente, pertenecer y contribuir. Será únicamente él mismo o ella misma.

Algunos padres pueden tener un hijo "enérgico", o pueden ver a su hijo o hija como “diferente, distindo a los demás”. Cada niño es único. Un padre o madre puede sentirse apegado, satisfacer las necesidades de sus hijos, ser amable y amoroso, y aún así puede tener dificultades insospechadas. Algunos niños, simplemente, tienen una manera de ser poco usual. En estas situaciones, puede que los padres tengan que aprender a reconocer las necesidades de su hijo o hija. Los niños se comunican de maneras que no siempre están claras para los padres. Aunque la crianza natural desarrolla nuestra sensibilidad para comprender el lenguaje especial de nuestros hijos, a veces podemos perder de vista la realidad interna del niño.

Decir "sí" la mayoría de veces fomenta la confianza y la cooperación

Cuando un niño se vuelve muy demandante, quejica, o menos receptivo, probablemente es que se siente frustrado por necesidades no satisfechas. La tolerancia del niño a la frustración y a no conseguir lo que quiere tiene mucho que ver con el grado en que siente que la vida en general acompaña sus necesidades, y no va en contra de ellas. Tendríamos que decir “sí” a las necesidades de nuestros hijos tanto como sea posible; cuando no es posible, al menos podemos decir “sí” a sus sentimientos.

Respetar y satisfacer sus necesidades es la mejor manera de asegurarnos de que nuestros hijos sean felices y cooperativos. El juego y la experimentación son la principal ocupación de un niño pequeño, y necesita nuestro voto de confianza para ello. Hacer una escultura de puré de patatas no le hace daño a nadie, es barato y se puede limpiar. Escaparse corriendo a la hora de irse a la cama es una invitación al juego, y desmontar un teléfono viejo es una aventura de aprendizaje. La mayor parte de nuestros "nos" se pueden convertir en "síes" muy fácilmente: "Sí, te gusta recortar los libros, aquí tienes una revista que puedes recortar"; "Sí, ya veo que estás haciendo un lago con el zumo. Bueno, déjame trasladar tu experimento al fregadero"; "Sí, te gusta pintar en la pared, aquí tienes una gran hoja de papel para pintar"; "Sí, puedes jugar con mi teléfono (que acabo de apagar)".

Cuando algo no hace daño a nadie, es seguro, y fácil de limpiar, podemos convertirnos en líderes si les proporcionamos herramientas y retiramos los obstáculos. Esto le ayuda al niño a sentirse digno de ser respetado y a confiar en nuestro liderazgo, nuestra guía y nuestras intenciones. Entonces responderá a nuestro liderazgo no con miedo o intimidación, sino simplemente porque quiere respondernos con tanta amabilidad como nosotros le hemos atendido.

Proporcionar liderazgo en momentos difíciles

Una niña de 3 años estaba disfrutando alegremente de un baño en la piscina, en brazos de su madre. Cuando quiso dar por terminado el baño, pidió que le pusieran la ropa para jugar en la hierba. En cuanto estuvo vestida, empezó a lloriquear: “Mamá, quiero irme a casa ahora”. La madre le dijo que ahora le tocaba bañarse a su hermano, y que después de 5 o 10 minutos se irían a casa.

La niña se mantuvo inflexible: "¡AHORA!", gritó, "¡Quiero irme a casa AHORA!". Esta madre quería satisfacer las necesidades de ambos niños. Lo que hizo fue validar los sentimientos de su hija, mientras la acariciaba cariñosamente: "Quieres irte a casa ahora, y no podemos hacerlo todavía. Estás triste y lloras". La niña pidió una vez más ir a casa y contó con la validación de su madre, pero no hubo ningún cambio de planes. Una vez su necesidad de empatía fue satisfecha, dejó de llorar y jugó alegremente el resto del tiempo.

En muchos casos, la historia es al revés: un niño no se quiere ir. El reto es el mismo, no obstante. El niño quiere algo que no es posible, ya sea porque entra en conflicto con la necesidad de otro niño, porque es perjudicial, o por cualquier otro motivo. Los padres pueden sentir ansiedad por proporcionar todo aquello que el niño pide, o pánico de hacer frente a un niño contrariado o que llora. Estar al lado de nuestros hijos no siempre significa que sea posible darles todo lo que quieren. La mayoría de los niños que hablan son capaces de comprender y aceptar los límites de la realidad, siempre y cuando les mostremos que nos interesamos por sus sentimientos y que los comprendemos.

¿Cuándo aprenderán a "comportarse"?

Las expectativas de los padres pueden ser el mayor obstáculo para el desarrollo del niño y una de las principales causas de dificultades. Los niños hacen absolutamente todo lo que pueden para aprender, para imitar nuestro ejemplo, y para agradarnos. Nosotros podemos confiar en ellos y guiarlos basándonos en su etapa de desarrollo. Tienen un gran reto por delante: convertirse en adultos. Tienen prisa y van todo lo rápido que pueden. Indicarle a un niño que tiene que crecer aún más rápido solo puede conducir a experiencias de fracaso y rebajar su autoestima.

La causa más frecuente de dificultades son ciertas prácticas comunes en muchas familias: castigos, amenazas, privaciones, tiempo fuera, sobornos, insultos, gritos, regañinas, inducir sentimientos de culpa, y otras formas de control sobre los niños. Lo mejor que podemos hacer como padres para garantizar que nuestros hijos van a crecer y convertirse en adultos compasivos, comunicativos, responsables, afectuosos y considerados es tratarlos con esas mismas cualidades, y confiar en ellos para adaptar nuestro comportamiento a su propio ritmo.

Amamantar a demanda, llevar en brazos, responder al llanto o colechar son solo una parte de la crianza natural. Un niño hablará en un tono amable si escucha que sus padres le hablan con amabilidad, a él y a los demás. Es probable que sea cuidadoso con las cosas si ha observado cómo los demás son cuidadosos con su entorno. Aprenderá a compartir si comparten con él, y si se le respeta cuando no está preparado para compartir. Aprenderá a decir "gracias" cuando reciba y observe expresiones de gratitud. La única forma de saber cuándo cabe esperar el desarrollo de ciertos comportamientos es observar al niño. Mientras tanto, los padres pueden guiarlo, no mediante el control o las órdenes, sino mediante el ejemplo y una orientación clara y amable.

Declaración de total confianza en los niños

1.El comportamiento propio de los adultos madura en el momento en que somos adultos.
2.No tener expectativas significa no sufrir decepciones y no ejercer una presión perjudicial sobre el niño.
3.Los niños responden mejor al modelo y el liderazgo, no al control.
4.Confía… y espera.
5.Elige entre tu conveniencia momentánea y tus objetivos a largo plazo sobre el modo en que tu hijo se verá a sí mismo.
6.Disfruta de tu hijo por lo que es, no por lo que te gustaría que fuera: nunca va a volver a tener esta edad.
7.Distingue entre tus necesidades emocionales y los sentimientos y necesidades de tu hijo. Actúa hacia tu hijo en armonía con sus necesidades; preocúpate de tus necesidades emocionales en otra parte.
8.Celebra que tu hijo es un ser único, igual que lo eres tú.
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© Copyright Naomi Aldort. Reimpreso y adaptado de “Kangaroo Kids”, boletín de noticias de Northwest Attachment Parenting, núm. 27, otoño de 1998.

Naomi Aldort es autora de Raising Our Children, Raising Ourselves, traducido al español como Aprender a educar sin gritos, amenazas ni castigos. Padres y madres de todo el mundo solicitan el asesoramiento de Naomi Aldort por teléfono o personalmente, escuchan sus CDs o asisten a sus talleres. Sus columnas de opinión aparecen en revistas sobre crianza y educación de Canadá, Estados Unidos, Australia o el Reino Unido, y se han traducido al alemán, francés, hebreo, neerlandés, japonés, chino, indonesio y español. Naomi Aldort está casada y es madre de tres chicos. Su hijo menor es el violoncelista Oliver Aldort . Su hijo mediano es el compositor y pianista autodidacta Lennon Aldort . Su hijo mayor, Yonatan Aldort, es estudiante universitario y escritor.

Boletín de novedades, información sobre teleclases, atención telefónica y productos www.NaomiAldort.com o www.AuthenticParent.com.

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Traducción: E. García-Peña, para Crianza Natural.

jueves, 25 de noviembre de 2010

Cómo nos impacta a los adultos lo vivido desde la gestación

El divulgador científico Eduard Punset lo dice alto y claro:


"Si mis lectores me insisten en que les diga cuál es el descubrimiento social más trascendental de estos dos últimos siglos, no tendré más remedio que responder: el impacto insospechado en su vida de adulto de lo acontecido al bebé desde el vientre de la madre."

O sea, la vida prenatal, el parto, los primeros meses de vida. Lo que el obstetra Michel Odent ha llamado "salud primal" o"ecología del útero materno".

Por su pertinencia con los temas tratados en este blog, me traigo su artículo aquí completo, aunque puede leerse y comentarse directamente en su blog.


"A veces, invertimos más en un coche que en un hijo"

Lo tengo claro. Hace muy poco tiempo nadie se ocupaba seriamente del impacto que tendrían en el feto del vientre de la madre los niveles de estrés de esta última o, con menor razón, del padre. Está claro que el dilema consistía luego en enviarlo o no a la guardería como única alternativa para que ella no tuviera que abandonar el trabajo; muy pocos tenían la conciencia o el conocimiento para preocuparse del tratamiento educativo que recibía allí el recién nacido. Nadie sabía nada de los efectos que sobre la adolescencia de una niña tenía la ausencia del padre tras una separación.


Si mis lectores me insisten en que les diga cuál es el descubrimiento social más trascendental de estos dos últimos siglos, no tendré más remedio que responder: el impacto insospechado en su vida de adulto de lo acontecido al bebé desde el vientre de la madre.

Vayamos por partes. Cuando la madre está angustiada o estresada, ¿repercute en la salud del niño? Parece difícil negarlo. Un padre puede tener, biológicamente, muchísimos hijos, mientras que una madre apenas unos pocos. El resultado de esta diferencia comporta que el valor otorgado inconscientemente por uno y otro es distinto. Para la madre se trata de uno de los poquísimos activos biológicos con los que podrá contar en toda su vida. No es extraño que el grado de preocupación por el impacto en la vida del feto, o más tarde del bebé, de su propio estrés o angustia sea mucho mayor en el caso de ella que del padre.

¿Alguien puede sugerirme por qué intentamos esconder los resultados negativos de la mayoría de las encuestas y los análisis efectuados sobre el aprendizaje en las guarderías infantiles? Los resultados tienden a demostrar que se produce un aumento de la agresividad y violencia en edades posteriores cuando el régimen de las guarderías empezó antes de los cinco años, prolongándose durante muchos años durante 30 o 40 horas por semana. Como me dijo en una ocasión un gran neurólogo británico especializado en la educación infantil: “A veces estamos más dispuestos a pagar por un buen parking que por guardar a nuestros hijos”.

En lo anterior subyace una de las grandes contradicciones de nuestra sociedad. Tenemos el gran mérito –comparados con el mundo islámico– de haber sabido asimilar a la mujer en los procesos de producción y de ahí que otras civilizaciones basadas en religiones excluyentes no podrán competir jamás con nosotros. Ahora bien, está por realizar el sacrificio o la aplicación del conocimiento necesario para que esa incorporación de la mujer al trabajo se pueda hacer en las mejores condiciones, velando por la calidad de los contenidos físicos y académicos de las guarderías necesarias.

Por último, ahora también sabemos de la comunicación intergeneracional de los niños. Resulta que, en promedio, una niña abocada a crecer sin la presencia del padre a raíz de una separación del matrimonio accede antes de la edad promedio a la pubertad; y no solo eso, suele tener mayores dificultades de integración que el promedio de las niñas de su edad. La adolescente no para de hacerse a sí misma preguntas sobre su propia situación, acumula información codificada sobre el grado de confianza que puede depositar en los adultos y, muy particularmente, en los hombres. De esas preguntas surge una actitud decidida sobre el entorno familiar.

Tenemos que cuidar muchísimo más de lo que hemos querido o sabido hacer el aprendizaje emocional de los niños y no solo, como ha ocurrido hasta ahora, el aprendizaje cognitivo o académico. Hasta los siete años, los niños son el mejor ejemplo de un departamento de I+D con gastos pagados, que no podemos abandonar a su suerte si queremos sobrevivir.


"Un plato roto se puede reponer, una llamada, puede esperar...el alma de un niño, dificilmente"
Naomi Aldort

viernes, 29 de octubre de 2010

Historia del amamantamiento

Si pretendemos comprender la lactancia materna desde el punto estrictamente biológico parece incuestionable, en tanto somos mamíferos, la leche materna es el mejor alimento para las crías humanas, y durante millones de años además fue el único. ¿Es que la cultura humana está perturbando la naturaleza?. Si midiéramos a los humanos solo con la vara de la biología como si fuéramos un mamífero más, aún así más deberíamos señalar algunas adaptaciones biológicas sumamente interesantes que sin duda contribuyeron a que hoy día seamos como somos.


Las huellas más antiguas conocidas de homínidos bípedos (3.7 millones de años), aproximadamente contemporáneas de las modificaciones de la mama humana, la sexualidad continua y posteriormente la pereja.


LOS PRIMEROS PASOS DE LA ESPECIE

En nuestra especie, en los primeros millones de años posteriores a la divergencia, se seleccionaron rasgos adaptativos muy interesantes relacionados con la lactancia: los senos globulares de las hembras humanas por ejemplo pueden ser considerados una maravilla adaptativa, o un cruel engaño (o un engaño maravilloso, como prefiera el lector).
Repasemos algunas de las más importantes características que nos metieron en el corredor evolutivo que terminaría dándole forma al homo sapiens-sapiens (que somos):

a) la bipedestación que liberó las manos de la locomoción permitiendo la acentuación del desarrollo viso-motor y la prensión fina, también acható las caderas en sentido antero-posterior complicando el pasaje del feto en el canal de parto.

b) el omnivorismo que nos condenó a la variedad y donde la ingesta de proteínas y grasas animales disparó el proceso de encefalización, con el coeficiente mas alto de los mamíferos superiores y con el correlato del aumento del volumen de la cabeza en las crías que, combinado con las modificaciones de la cadera, condicionaron nacimientos problemáticos y crías inmaduras (respecto al mundo animal) con una importante exterogestación para nutrir de estímulos ese órgano complejo y metabólicamente caro que es el cerebro humano.


c) la sexualidad continua separó sexualidad de reproducción, posibilitando al mismo tiempo el incremento de la fecundidad y modificaciones conductuales de y entre los géneros, que además vendrían a moderar los efectos de las problemáticas anteriores generadas por a) y b). Aquí se inscriben las modificaciones de la mama humana.



EL IMPACTO DE LA SEXUALIDAD CONTINUA

Aquellas hembras que presentaran en sus senos una película de grasa que luciera como la hinchazón de las mamas en el proceso hormonal correspondiente a la ovulación, atraerían más a los machos, aumentando la frecuencia de encuentros y posibilitando la transmisión de esas características a sus hijas. En grupos tan pequeños como los de los homínidos africanos de hace 5 millones de años una ventaja reproductiva (aún con una envergadura del 0,2%) se transmitiría rápidamente y en 15 generaciones ya tendríamos a todas las hembras con atractivos y mentirosos senos redondeados.

Pero además, la sexualidad continua cimentó las relaciones entre hembras y machos (que no tienen que luchar entre si) para la protección de las inmaduras crías de cerebros gigantescos y delicados, que demandaban proteínas y grasas animales solo posibles de obtener mediante la cooperación, la comunicación y la fabricación de herramientas.

Estas adaptaciones biológicas nos podrían hacer creer que el amamantamiento estaba instalado de por si y para siempre en la especie humana. Y sin duda fue así el 99% de la vida de nuestra especie en el planeta. Pero si redujésemos la humanidad (o la lactancia) a sus aspectos biológicos no comprenderíamos la humanidad (ni la lactancia).

En tanto no conocemos la realidad sino por los símbolos que creamos para comprenderla, la cultura humana, causa y efecto de nuestra humanidad, complejiza el análisis.
Porque con la revolución neolítica y la dependencia alimentaría de la agricultura y el pastoreo, con las papillas de cereal y la leche del ganado de ordeñe, la lactancia se verá primero complementada y luego francamente cuestionada.


Culturas que no contaron con el tipo de herbívoros capaz de proporcionar leche en abundancia continuaron amamantando normalmente a sus hijos. En Asia menor y central, Africa y Europa, en cambio, sobrevino un paulatino pasaje de la lactancia materna hacia sustitutos animales.

Con el paso del tiempo, el proceso iniciado miles de años atrás continuó, estableciéndose la diferencia entre mujeres pobres (que amamantaban) y "señoras de calidad" que no.
Hacia fines del siglo XIX todavía la alimentación de los bebés de las clases altas estaba a cargo de mujeres alquiladas o esclavas que en ocasiones desarrollaban con ellos vínculos maternos indisolubles.
CULTURA Y LACTANCIA
Es interesante ver cómo la introducción de la leche de los herbívoros domésticos condicionará un cambio en el pool genético de la humanidad. Transformándose la cultura en nuestra verdadera naturaleza.

En las poblaciones de primates (y seguramente también nuestros antepasados) el 95% de los individuos dejan de sintetizar lactasa, la enzima que permite metabolizar la lactosa –el azúcar de la leche- en dos azúcares simples sacarosa y galactosa- en el intestino, cerca de los cinco años de edad.
Este mecanismo está regulado por un gen y es el funcionamiento estadísticamente “normal” en especies que para proveerse de leche solo tienen a sus madres.

En estas poblaciones solo un 5% de “anormales” continúan sintetizando la enzima durante la adultez. La misma proporción se da entre los humanos cuyas culturas no basaron su alimentación en el “robo” de leche a sus animales domésticos, como la población china, japonesa, pacífico-insular, esquimal y americana nativa. Que son en un 95% intolerantes a la lactasa.

En cambio las poblaciones de Asia menor y central, África y Europa donde la supervivencia de los niños y los adultos se vio mejorada en los individuos con este gen anómalo que permitía seguir consumiendo leche de otros mamíferos hasta la adultez, la intolerancia a la lactasa es inversa 5% de intolerantes 95% de tolerantes.

Como vemos, este arreglo cultural que fue la domesticación y el ordeñe permitió mejorar la calidad de vida al aumentar las fuentes alimentarias que sobrevivieran mellizos (que en culturas cazadoras recolectoras es prácticamente imposible) y reducir los espacios intergenésicos y por lo tanto aumentar la población humana.

También en las culturas agrarias, de plantadores y agricultores, la lactancia materna se complementará con papillas, primero de cereal tostado y remojado y recién después del 6000 remojado y hervido.

El éxito de las unidades domésticas de producción mixta (agricultura y pastoreo) fue durante milenios (10.000 a 5000 AC) el motor de los cambios sociales y culturales que nos llevaron a esas organizaciones complejas que son los estados, con producción de excedentes agrarios (y apropiación diferenciada de esos excedentes por diferentes estratos o clases sociales) niveles de administración diferenciados, especializaciones en la producción y circulación de las mismas en intercambio en mercados con moneda y comercio de largo alcance.

En todos los estados, donde hay estratos sociales diferenciados también hay formas de vivir diferenciadas y por lo tanto cocinas diferenciadas (alta cocina, “cuisine” para los señores , baja cocina o cocina campesina o cocina a secas para los plebeyos).

Estas sociedades han marcado los privilegios de las mujeres aristocráticas separándolas de la alimentación. Hay dos actividades que -en todas las sociedades estatales desde hace 6000 años- marcan las diferencias sociales y son la molienda y el amamantamiento: las reinas ni muelen ni amamantan.
La separación de la función nutricia de la mujer aristocrática (que pasará por efecto de demostración a ser la aspiración de los demás estratos sociales) no es otra cosa que la inversión del proceso de dominación del cuerpo de la mujer y es consistente con la aparición de las cocinas diferenciadas (de pobres y de ricos) y cuerpos de clase (durante milenios las clases sociales se distinguían por el tamaño de la cintura, los ricos gordos, los pobres flacos).


Podemos rastrear esta interdicción cultural del amamantamiento en la aparición del "complejo de supremacía masculino" que aparece en las sociedades agrarias, en ambientes circunscriptos y con rápido crecimiento demográfico, donde la distribución empieza a sesgarse, estratificando la sociedad en clases (es decir “inventan” la pobreza) y limitando el consumo de la mitad femenina (porque se necesitan hombres fuertes para “invertir” en la guerra) en favor de la mitad masculina.

Con este rápido racconto de los procesos de producción que condicionaron la organización social vemos que la “competencia” de la lactancia materna tiene raíces muy antiguas y es producto de determinadas condiciones ecológicas, económicas, demográficas que priorizan ciertos y no otros contenidos culturales transformados en símbolos que dan sentido a lo que "hay que hacer " o al modelo de lo que “hay que ser”.

La industrialización pareció poder suplir la lactancia materna con productos aparentemente superiores que décadas después demostraron se altamente perjudiciales para los bebés. Sería recién a partir de los años '60 del siglo XX que el amamantamiento natural recobraría la importancia que comenzó a perder miles de años antes.

CUANDO EL BIBERÓN SUSTITUYÓ A LA TETA

La revolución industrial profundizará los símbolos de desprestigio de la lactancia poniendo como modelo de la producción el individuo-masculino-libre-dispuesto a vender su fuerza de trabajo en el mercado.

El modelo de mujer -madre-nodriza-maestra será condenado como no-moderno y típico de las sociedades del pasado cuando diversas instituciones suplan las funciones que hasta ese momento había cubierto la familia (educación: la escuela, salud: el hospital, cuidados: el asilo y la agro-industria: la alimentación, cada vez mas procesada, envasada, conservada y alejada de la naturaleza). Con la puesta a punto de las leches industriales se "liberará" a la mujer de la crianza para integrarla definitivamente al mundo del trabajo asalariado.

La introducción y expansión del consumo de leche en polvo fue impulsada por todos los sectores sociales, la industria alimentaria y la farmacéutica por obvias razones de conveniencioa pero los industriales en particular apoyaron la difusión de la leche en polvo como elemento clave de la reproducción de una fuerza de trabajo por demás escasa, los médicos (que competían por la mejor fórmula), los políticos (tanto los conservadores para los que “gobernar es poblar” como los socialistas que ponían a la leche en polvo como elemento de liberación femenina e igualdad frente al varón), diversos sectores de intereses divergentes por motivos contradictorios apoyaron y justificaron el levantamiento de la lactancia y sus sustitución por leche de vaca.

Hoy la alimentación está en crisis (la economía y los valores que también pero esos excede esta nota) y nos encontramos ante un verdadero dilema, si no cambiamos los patrones de consumo de TODOS (tanto los que viven en países pobres como aquellos que viven en países ricos) peligramos como especie.

La industria ha convertido los alimentos en OCNI (Objetos Comestibles No Identificados), las condiciones del mercado productivo no ofrecen empleo para todos por lo tanto el uso tiempo y del ingreso se vuelven problemas prioritarios.

El fin de la era industrial nos enfrenta a condiciones ecológicas, económicas, sociales y simbólicas totalmente diferentes a aquellas que dieron origen al desprecio por la lactancia. Por eso aquellas interdicciones culturales que separaban a la mujer de su cuerpo, excluyéndola de su función nutricia están perdiendo sustento y la lactancia materna se nos presenta como una recuperación de sentidos, ligada a la razón, a la ciencia, a la identidad a la salud, al bienestar económico y psicológico.

Antes que recuperar nuestra biología (que no ha cambiado mucho en los últimos 250.000 años) la recuperación de la lactancia materna se inscribe en la recomposición de guiones culturales que estructuran nuevas gramáticas del consumo alimentario.

Dadas estas nuevas condiciones (que podemos apoyar con las investigaciones) creemos que el esfuerzo de reinstalación de la lactancia está condenado al éxito, lo que no quiere decir que se deje se hacer el esfuerzo, sino que algunas de las condiciones culturales que apoyaban la resistencia al amamantamiento han caído y “solo” resta recuperar los guiones culturales que devuelvan a la mujer y al bebe el sano derecho de amamantar y ser amamantado.
Fuente: http://www.muval.com.uy/1_museo_virt_lact1.htm


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tetocalactancia: Video Desarrollo del bebe humano

tetocalactancia: Video Desarrollo del bebe humano: "El conocimiento de las caracteristicas y necesidades de los bebes es fundamental para que podamos lograr una crianza adecuada y que el pedi..."

sábado, 16 de octubre de 2010

Tu Hijo es una Buena Persona

Cuando una esposa afirma que su marido es muy bueno, probablemente es un hombre cariñoso, trabajador, paciente, amable... En cambio, si una madre exclama "mi hijo es muy bueno", casi siempre quiere decir que se pasa el día durmiendo, o mejor que "no hace más que comer y dormir" (a un marido que se comportase así le llamaríamos holgazán). Los nuevos padres oirán docenas de veces (y pronto repetirán) el chiste fácil: "¡Qué monos son... cuando duermen!"


Y así los estantes de las librerías, las páginas de las revistas, las ondas de la radio, se llenan de "problemas de la infancia": problemas de sueño, problemas de alimentación, problemas de conducta, problemas en la escuela, problemas con los hermanos... Se diría que cualquier cosa que haga un niño cuando está despierto ha de ser un problema.

Nadie nos dice que nuestros hijos, incluso despiertos (sobre todo despiertos), son gente maravillosa; y corremos el riesgo de olvidarlo. Aún peor, con frecuencia llamamos "problemas", precisamente, a sus virtudes.


Tu hijo es generoso

Marta juega en la arena con su cubo verde, su pala roja y su caballito. Un niño un poco más pequeño se acerca vacilante, se sienta a su lado y, sin mediar palabra (no parece que sepa muchas) se apodera del caballito, momentáneamente desatendido. A los pocos minutos, Marta decide que en realidad el caballito es mucho más divertido que el cubo, y lo recupera de forma expeditiva. Ni corto ni perezoso, el otro niño se pone a jugar con el cubo y la pala. Marta le espía por el rabillo del ojo, y comienza a preguntarse si su decisión habrá sido la correcta. ¡El cubo parece ahora tan divertido!

Tal vez la mamá de Marta piense que su hija "no sabe compartir". Pero recuerde que el caballito y el cubo son las más preciadas posesiones de Marta, digamos como para usted el coche. Y unos minutos son para ella una eternidad. Imagine ahora que baja usted de su coche, y un desconocido, sin mediar palabra, sube y se lo lleva. ¿Cuántos segundos tardaría usted en empezar a gritar y a llamar a la policía? Nuestros hijos, no le quepa duda, son mucho más generosos con sus cosas que nosotros con las nuestras.


Tu hijo es desinteresado

Sergio acaba de mamar; no tiene frío, no tiene calor, no tiene sed, no le duele nada... pero sigue llorando. Y ahora, ¿qué más quiere?

La quiere a usted. No la quiere por la comida, ni por el calor, ni por el agua. La quiere por sí misma, como persona. ¿Preferiría acaso que su hijo la llamase sólo cuando necesitase algo, y luego "si te he visto no me acuerdo"? ¿Preferiría que su hijo la llamase sólo por interés?

El amor de un niño hacia sus padres es gratuito, incondicional, inquebrantable. No hace falta ganarlo, ni mantenerlo, ni merecerlo. No hay amor más puro. El doctor Bowlby, un eminente psiquiatra que estudió los problemas de los delincuentes juveniles y de los niños abandonados, observó que incluso los niños maltratados siguen queriendo a sus padres.

Un amor tan grande a veces nos asusta. Tememos involucrarnos. Nadie duda en acudir de inmediato cuando su hijo dice "hambre", "agua", "susto", "pupa"; pero a veces nos creemos en el derecho, incluso en la obligación, de hacer oídos sordos cuando sólo dice "mamá". Así, muchos niños se ven obligados a pedir cosas que no necesitan: infinitos vasos de agua, abrir la puerta, cerrar la puerta, bajar la persiana, subir la persiana, encender la luz, mirar debajo de la cama para comprobar que no hay ningún monstruo... Se ven obligados porque, si se limitan a decir la pura verdad: "papá, mamá, venid, os necesito", no vamos. ¿Quién le toma el pelo a quién?


Tu hijo es valiente

Está usted haciendo unas gestiones en el banco y entra un individuo con un pasamontañas y una pistola. "¡Silencio! ¡Al suelo! ¡Las manos en la nuca!" Y usted, sin rechistar, se tira al suelo y se pone las manos en la nuca. ¿Cree que un niño de tres años lo haría? Ninguna amenaza, ninguna violencia, pueden obligar a un niño a hacer lo que no quiere. Y mucho menos a dejar de llorar cuando está llorando. Todo lo contrario, a cada nuevo grito, a cada bofetón, el niño llorará más fuerte.

Miles de niños reciben cada año palizas y malos tratos en nuestro país. "Lloraba y lloraba, no había manera de hacerlo callar" es una explicación frecuente en estos casos. Es la consecuencia trágica e inesperada de un comportamiento normal: los niños no huyen cuando sus padres se enfadan, sino que se acercan más a ellos, les piden más brazos y más atención. Lo que hace que algunos padres se enfaden más todavía. Si que huyen los niños, en cambio, de un desconocido que les amenaza.

Los animales no se enfadan con sus hijos, ni les riñen. Todos los motivos para gritarles: sacar malas notas, no recoger la habitación, ensuciar las paredes, romper un cristal, decir mentiras... son exclusivos de nuestra especie, de nuestra civilización. Hace sólo 10.000 años había muy pocas posibilidades de reñir a los hijos. Por eso, en la naturaleza, los padres sólo gritan a sus hijos para advertirles de que hay un peligro. Y por eso la conducta instintiva e inmediata de los niños es correr hacia el padre o la madre que gritan, buscar refugio en sus brazos, con tanta mayor intensidad cuanto más enfadados están los progenitores.


Tu hijo sabe perdonar

Silvia ha tenido una rabieta impresionante. No se quería bañar. Luchaba, se revolvía, era imposible sacarle el jersey por la cabeza (¿por qué harán esos cuellos tan estrechos?). Finalmente, su madre la deja por imposible. Ya la bañaremos mañana, que mi marido vuelve antes a casa; a ver si entre los dos...

Tan pronto como desaparece la amenaza del baño, tras sorber los últimos mocos y dar unos hipidos en brazos de mamá, Silvia está como nueva. Salta, corre, ríe, parece incluso que se esfuerce por caer simpática. El cambio es tan brusco que coge por sorpresa a su madre, que todavía estará enfadada durante unas horas. "¿Será posible?" "Mírala, no le pasa nada, era todo cuento".

No, no era cuento. Silvia estaba mucho más enfadada que su madre; pero también sabe perdonar más rápidamente. Silvia no es rencorosa. Cuando Papá llegue a casa, ¿cuál de las dos se chivará? ("Mamá se ha estado portando mal..."). El perdón de los niños es amplio, profundo, inmediato, leal.


Tu hijo sabe ceder

Jordi duerme en la habitación que sus padres le han asignado, en la cama que sus padres le han comprado, con el pijama y las sábanas que sus padres han elegido. Se levanta cuando le llaman, se pone la ropa que le indican, desayuna lo que le dan (o no desayuna), se pone el abrigo, se deja abrochar y subir la capucha porque su madre tiene frío y se va al cole que sus padres han escogido, para llegar a la hora fijada por la dirección del centro. Una vez allí, escucha cuando le hablan, habla cuando le preguntan, sale al patio cuando le indican, dibuja cuando se lo ordenan, canta cuando hay que cantar. Cuando sea la hora (es decir, cuando la maestra le diga que ya es la hora) vendrán a recogerle, para comer algo que otros han comprado y cocinado, sentado en una silla que ya estaba allí antes de que él naciera.

Por el camino, al pasar ante el quiosco, pide un "Tontanchante", "la tontería que se engancha y es un poco repugnante", y que todos los de su clase tienen ya. "Vamos, Jordi, que tenemos prisa. ¿No ves que eso es una birria?" "¡Yo quiero un Totanchante, yo quiero, yo quiero...!" Ya tenemos crisis.

Mamá está confusa. Lo de menos son los 20 duros que cuesta la porquería ésta. Pero ya ha dicho que no. ¿No será malo dar marcha atrás? ¿Puede permitir que Jordi se salga con la suya? ¿No dicen todos los libros, todos los expertos, que es necesario mantener la disciplina, que los niños han de aprender a tolerar las frustraciones, que tenemos que ponerles límites para que no se sientan perdidos e infelices? Claro, claro, que no se salga siempre con la suya. Si le compra ese Tontachante, señora, su hijo comenzará una carrera criminal que le llevará al reformatorio, a la droga y al suicidio.

Seamos serios, por favor. Los niños viven en un mundo hecho por los adultos a la medida de los adultos. Pasamos el día y parte de la noche tomando decisiones por ellos, moldeando sus vidas, imponiéndoles nuestros criterios. Y a casi todo obedecen sin rechistar, con una sonrisa en los labios, sin ni siquiera plantearse si existen alternativas. Somos nosotros los que nos "salimos con la nuestra" cien veces al día, son ellos los que ceden. Tan acostumbrados estamos a su sumisión que nos sorprende, y a veces nos asusta, el más mínimo gesto de independencia. Salirse de vez en cuando con la suya no sólo no les va hacer ningún daño, sino que probablemente es una experiencia imprescindible para su desarrollo.


Tu hijo es sincero

¡Cómo nos gustaría tener un hijo mentiroso! Que nunca dijera en público "¿Por qué esa señora es calva?" o ¿Por qué ese señor es negro?" Que contestase "Sí" cuando le preguntamos si quiere irse a la cama, en vez de contestar "Sí" a nuestra retórica pregunta "¿Pero tú crees que se pueden dejar todos los juguetes tirados de esta manera?"

Pero no lo tenemos. A los niños pequeños les gusta decir la verdad. Cuesta años quitarles ese "feo vicio". Y, entre tanto, en este mundo de engaño y disimulo, es fácil confundir su sinceridad con desafío o tozudez.


Tu hijo es un buen hermano

Imagínese que su esposa llega un día a casa con un guapo mozo, más joven que usted, y le dice: "Mira, Manolo, este es Luis, mi segundo marido. A partir de ahora viviremos los tres juntos, y seremos muy felices. Espero que sabrás compartir con él tu ordenador y tu máquina de afeitar. Como en la cama de matrimonio no cabemos los tres, tú, que eres el mayor, tendrás ahora una habitación para ti sólito. Pero te seguiré queriendo igual". ¿No le parece que estaría "un poquito" celoso? Pues un niño depende de sus padres mucho más que un marido de su esposa, y por tanto la llegada de un competidor representa una amenaza mucho más grande. Amenaza que, aunque a veces abrazan tan fuerte a su hermanito que le dejan sin aire, hay que admitir que los niños se toman con notable ecuanimidad.


Tu hijo no tiene prejuicios

Observe a su hijo en el parque. ¿Alguna vez se ha negado a jugar con otro niño porque es negro, o chino, o gitano, o porque su ropa no es de marca o tiene un cochecito viejo y gastado? ¿Alguna vez le oyó decir "vienen en pateras y nos quitan los columpios a los españoles"? Tardaremos aún muchos años en enseñarles esas y otras lindezas.


Tu hijo es comprensivo

Conozco a una familia con varios hijos. El mayor sufre un retraso mental grave. No habla, no se mueve de su silla. Durante años, tuvo la desagradable costumbre de agarrar del pelo a todo aquél, niño o adulto, que se pusiera a su alcance, y estirar con fuerza. Era conmovedor ver a sus hermanitos, con apenas dos o tres años, quedar atrapados por el pelo, y sin gritar siquiera, con apenas un leve quejido, esperar pacientemente a que un adulto viniera a liberarlos. Una paciencia que no mostraban, ciertamente, con otros niños. Eran claramente capaces de entender que su hermano no era responsable de sus actos.

Si se fija, observará estas y muchas otras cualidades en sus hijos. Esfuércese en descubrirlas, anótelas si es preciso, coméntelas con otros familiares, recuérdeselas a su hijo dentro de unos años ("De pequeño eras tan madrugador, siempre te despertabas antes de las seis...") La educación no consiste en corregir vicios, sino en desarrollar virtudes. En potenciarlas con nuestro reconocimiento y con nuestro ejemplo.


La semilla del bien

Observando el comportamiento de niños de uno a tres años en una guardería, unos psicólogos pudieron comprobar que, cuando uno lloraba, los otros espontáneamente acudían a consolarle. Pero aquellos niños que habían sufrido palizas y malos tratos hacían todo lo contrario: reñían y golpeaban al que lloraba. A tan temprana edad, los niños maltratados se peleaban el doble que los otros, y agredían a otros niños sin motivo ni provocación aparente, una violencia gratuita que nunca se observaba en niños criados con cariño.

Oirá decir que la delincuencia juvenil o la violencia en las escuelas nacen de la "falta de disciplina", que se hubieran evitado con "una bofetada a tiempo". Eso son tonterías. El problema no es falta de disciplina, sino de cariño y atención, y no hay ningún tiempo "adecuado" para una bofetada. Ofrézcale a su hijo un abrazo a tiempo. Miles de ellos. Es lo que de verdad necesita.


Dr. Carlos González, pediatra
Extractado de Bésame mucho