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viernes, 11 de septiembre de 2015

¿Se queda con hambre? ¿O se queda con ganas (de mamá)?


Muchas madres nuevas, con poco o mal asesoramiento en amamantamiento caen en la falsa solución del complemento con fórmula, creyendo que es la solución al llanto del bebé.
se puede dormir y mamar (con biberón NO)
También ocurre que con el tiempo se arrepienten de haber cedido a la insistencia de familiares o profesionales desactualizados, porque advierten que la fórmula produce muchas alteraciones en el bebé, cuando no son reacciones alérgicas o de intolerancia a alguno de los componentes de la fórmula.
Sin embargo, cuando, con muchísimo esfuerzo, logran recuperar la lactancia, casi en exclusividad, de todas maneras siguen dudando acerca de si lo que están haciendo está bien, o si su leche será suficiente, principalmente, porque su bebé…llora. Llora desconsoladamente y pareciera no calmarse si no es con la bendita (o maldita) mamadera.
Sobre esta escena, sorprendentemente, aún muy común (cuesta creer lo que tarda la información válida en difundirse), hay muchos temas a tener en cuenta para hacerse cargo del llanto del bebé y de la angustia de la mamá. He aquí sólo algunos.
1)      La lactancia fisiológica no sólo no tiene horarios fijos, sino que no tiene patrón. El bebé puede un día, mamar el día entero y al siguiente de manera pausada. El bebé se regula permanentemente, y reacciona a sus necesidades. Puede necesitar tranquilizarse, y por eso pide mamar (la leche materna tiene oxitocina, la hormona de la calma y el bienestar), por lo tanto no siempre es el hambre lo que hace que el bebé necesite mamar. Debemos recordar que la fórmula NO tiene oxitocina. El bebé suele dormirse por el efecto narcotizante de algunas proteínas de la leche vacuna que causan dicho efecto. No es lo mismo que haberse tranquilizado. Un bebé puede estar habituado a esas experiencias, y al comenzar a modificarlas, puede reaccionar como si estuvieran atravesando un síndrome de abstinencia. Está en la mamá el poder acompañarlo en la transición (y en el entorno de la mamá en hacer lo mismo con ella) hasta lograrlo.
amamantar satisfactoriamente da mucho placer al bebé
2)      Un bebé que ha sido alimentado a pecho, y luego se le agregó fórmula, tuvo necesariamente que adaptar los movimientos y fuerza de su boca a un dispositivo artificial, puede no lograr una correcta prendida al pezón y como consecuencia, fallar en estimular correctamente a la glándula mamaria porque no entiende bien qué lo está alimentando en cada oportunidad. Además, como del biberón la leche sale con facilidad, el bebé desaprende el trabajo mandibular que debe hacer para obtener leche al ser amamantado.
3)      Un bebé puede estar sumamente desconcertado acerca de sus vivencias y puede llorar de desconcierto y luego de angustia. Espera biberón, viene teta. Espera teta, viene biberón. Toma teta y se cansa, porque necesita trabajar más y se enoja del cansancio. En estos casos, funciona muy bien comunicarle qué se desea hacer. “sabes, decidí dejar de darte mamadera porque prefiero amamantarte. Si te cansás y querés dormir con la teta en la boca, podés hacerlo, y mamar dormido. Pronto vas a sentir que sos más fuerte”. Avisarle cada cosa que va a vivir por anticipado. Es agotador y estresante (para el bebé) tener que estar sacando conclusiones permanentemente. Ser explícita con los planes de amamantamiento a inmediato y a largo plazo.
4)      No existen mujeres con poca leche. Tener poca leche es como tener poca sangre. El cuerpo hace lo que se necesita. Con una buena alimentación, líquidos nutritivos, sopas, licuados hechos con frutas, agua y semillas activadas (almendras, sésamo, girasol, nueces) podés asegurarte un buen equilibrio metabólico para producir la leche que tu bebé necesite sin desregular tu salud.
5)      La indicación lógica para un amamantamiento fisiológico es que el bebé se regule y pida (y se le dé) lo que necesite las veces y el tiempo que necesite. Mi gata acaba de parir 5 gatitos y está echada amamantándolos casi todo el tiempo. No usa reloj. Les da la teta y listo. Come, bebe, estira las patas, va al baño, y vuelta a empezar.
6)      La indicación de la fórmula es que un bebé de x edad, de x peso, le corresponde x cantidad cada x tiempo. JAMÁS se puede ni debe indicar que un bebé reciba amamantamiento fisiológico con los horarios de la alimentación a fórmula, no es compatible x minutos de cada lado cada x horas. Eso no es fisiológico. Es ilógico.
mellizos amamantados exclusivamente
7)      El periodo de lactancia es el único momento de la vida en el que podemos atiborrarnos de alimento y está bien que así sea. Cuando no hemos satisfecho esa experiencia, nos atiborramos, pero de comida. Eso nos produce varios desajustes (obesidad, diabetes, etc) que tienen un posible origen en un amamantamiento pobre.
La teta se puede dar a demanda. El biberón también, pero es complicado detectar cuando es por sed (en ese caso hay quedar agua), por necesidad de leche grasosa, o por necesidad de oxitocina y agentes inmunitarios.  Y por supuesto, el biberón no podrá cubrir estos últimos dos aspectos.. Por eso existe el chupete.
El biberón y el chupete se compran, al igual que la fórmula. La teta no. El chupete se puede caer, o perder. La teta no. La fórmula no solo es riesgosa porque el polvo no es estéril, sino que también depende del agua utilizada cada vez y de lo limpio que haya quedado el dispositivo después del último uso. LA TETA NO.
8)      EL PUERPERIO: Las mujeres que hemos maternado sabemos que desde que traemos a nuestro primer hijo a este planeta, entramos en un estado de realidad paralela, en la que nadie nos entiende, salvo otra madre conectada con ese otro espacio emocional. Si una madre joven transita su puerperio en soledad e incomprensión, es muy probable que crea que ella es la que está fallando (ya que todo el resto del mundo está “normal”) y deduzca erróneamente que si no puede A entonces no puede B ni C. No es cierto. Pueden todo. Sólo búsquense un entorno afín su estado puerperal. Si alguien tiene la mala idea de exigirte (higiene, belleza, la cena, etc, es un/a real desubicado/a). Cuando una mamá no puede amamanar, no es ella la que falla. Es el entorno, que obstaculiza la conexión con el bebé y con ella misma. Un entorno empático con las necesidades maternas lo cambian todo.Todo funcionará mejor: la intuición, el bebé y las tetas.
9)      Las tetas tienen como única función alimentar a la cría. Exhibirlas en un espectáculo erótico, usarlas para vender ropa o vacaciones, incluso considerarlas un recurso de seducción, cabe solo en una sociedad que al no haber sido amamantada adecuadamente, aun quiere teta de adulta. Y no se conforma con biberón o chupete.
10)    Por último hasta que me acuerde de más cosas: la frase que, como un mantra, hay que repetir eternamente: HOY NO ES SIEMPRE. Algún día todo se regulará y encontrará su equilibrio. Y ese día vas a querer un segundo hijo.

Éxitos!

viernes, 9 de diciembre de 2011

Lactancia a lo largo de la humanidad

Por Caro Senders 9 de diciembre de 2011 10:42
DATOS ANTROPOLÓGICOS

Katherine Dettwyler en su libro, Amamantamiento, Perspectivas Bioculturales, relata que la práctica de amamantar hasta los seis años para los humanos comenzó a ser modificada, primero por el uso de fuego para cocinar (hace medio a un millón de años) y luego y más significativamente por el procesamiento de granos, moliendo o machacando, ambos proveyendo alternativas a vegetales no cocinados y carne animal cruda.
En Babilonia (3000 A.C.) se amamantaba durante 2 a 3 años.
Los Hebreos (Torah) mencionan un destete a los 3 años.
En Egipto el destete se recomendaba a los 3 años.
Los romanos creían que el destete completo no debía darse antes de los tres años de vida (Galen) o cuando tuvieran completa la dentición (Soranus).
En la Europa Medieval, el destete completo ocurría usualmente entre el año y los tres años de vida. En su libro, Mothering your Nursing Toddler, Norma Jane Bumgarner nos comenta:
“En India, influenciados por la creencia que cuánto más amamante un niño más años de vida tendrá, las madres amamantaban a sus niños lo más que pudiesen, a veces 7 o 9 años”. Los textos médicos en el período de Ayurvedic (1500 a 800 A.C.) recomiendan sólo leche del pecho para primer año, leches del pecho y sólidos durante segundo año, y el destete gradual después de eso.
Estudios etnográficos de sociedades pre-industriales muestran que el promedio de duración de la lactancia varía entre los tres y cinco años de edad de una cultura a otra y entre cada niño dentro de una misma cultura.
En el mundo musulmán, especialmente en África y el Sudán, el destete se rige por las enseñanzas del Corán, que recomienda hacerlo hasta los 2 años.
En 1951, en Mongolia, los niños eran amamantados durante 2 o 3 años, y tampoco era raro que un niño de seis o siete años quisiera ser amamantado para sentirse más seguro.
En Tsinghai, China, en 1956 las madres aún amamantaban durante varios años, 5 años no era inusual, o hasta que naciese otro niño.
En su libro, The Politics of Breastfeeding, Gabrielle Palmer menciona que “en el Este de Lincolnshire las mujeres amamantaban a sus hijos hasta los siete u ocho años de edad en 1820”.
Actualmente, en culturas no occidentales las madres amamantan a sus niños hasta los 3 o 4 años.
Las últimas pocas décadas de este siglo veinte son probablemente el único momento en la historia de la humanidad que los niños han sido completamente destetados en los primeros tres a seis meses de vida.
Según la antropóloga Katherine Dettwyler los seres humanos alcanzan autonomía inmunológica a los 6 años lo que sugiere que a través de nuestro más reciente pasado evolutivo los agentes inmunes contenidos en la leche materna estaban normalmente disponibles para el niño hasta aproximadamente esta edad.

ASPECTOS QUE CONTRIBUYERON A LA CREENCIA DEL EFECTO PERJUDICIAL DE LA LACTANCIA PROLONGADA Y MOTIVARON UN DESTETE PRECOZ

Desconocimiento sobre los beneficios de la lactancia materna y los riesgos de la lactancia artificial.
Mensajes erróneos de que los sustitutos de la leche materna son tan buenos o mejores que ella.
Rutinas hospitalarias que dificultan la práctica de la lactancia.
Falta de apoyo social y de asesoramiento adecuado.
Necesidad cada vez mayor de la incorporación de la mujer al mercado laboral.
Una imagen idealizada de la figura de la mujer.
Los senos que son vistos como un objeto de estímulo sexual.

Estos fueron algunos de los motivos que contribuyeron a que cada vez fuera más extraña la imagen de una madre amamantando a su hijo durante largo tiempo, lo que nos permite interpretar la desvalorización y la norma cultural negativa hacia la lactancia en un niño mayor.
Ruth Lawrence nos dice: “Si uno fuera a determinar el momento apropiado para destetar estaría basándose en las necesidades nutricionales y los objetivos del desarrollo. Las observaciones acerca de otros mamíferos sugieren que al alcanzar un grado de madurez que permita al pequeño animal buscarse su propio alimento es el detonante para que la madre inicie el destete".
Mientras que en muchas culturas las madres que aún están amamantando a sus hijos de dos, tres, cuatro años o más son consideradas una excepción, posiblemente ellas sean más numerosas lo que la mayoría de la gente cree porque gran parte de ellas permanecen invisibles a propósito.
En la actualidad el destete precoz y las fallas a la hora de amamantar son consecuencia de la presión social y la falta de conocimiento y apoyo.

RECOMENDACIONES DE ORGANISMOS INTERNACIONALES

La Organización Mundial de la Salud, UNICEF y la Sociedad Argentina de Pediatría recomiendan amamantar al menos dos años.
A pesar de ello solemos escuchar comentarios que reflejan el desconocimiento de las recomendaciones arriba mencionadas así como también una actitud generalizada por parte de la sociedad de no aceptación de la lactancia materna como la forma natural de alimentación de los niños por lo menos hasta el segundo año de vida.
Muchas mujeres ocultan que amamantan a niños mayores justamente para evitar la desaprobación de los profesionales de la salud y de los miembros de su familia.

domingo, 28 de noviembre de 2010

Criar un adulto amoroso, responsable y respetuoso.

http://www.naomialdort.com/articles8_es.html

Sobrevivir a los dos años
Por Naomi Aldort
Autora de Aprender a educar sin gritos, amenazas ni castigos

Muchos padres sensibles a la crianza natural me llaman desconcertados cuando el comportamiento de sus hijos no parece ajustarse a sus expectativas. "¡Pero si lo hice todo bien!", decía una madre. "Tuvo un nacimiento respetado, la llevé encima continuamente, y todavía sigue tomando el pecho y durmiendo con nosotros. Ahora que tiene dos años, no estoy segura de nada, no sé cómo atender sus constantes demandas". Algunos padres tienen preguntas concretas sobre la comida, el hecho de compartir, la cooperación y las etapas de desarrollo infantil. Otros no están seguros de cuántos límites poner, ni cuánta libertad proporcionar. La verdad es que todas estas cuestiones pueden dejarnos perplejos. No tenemos modelos, y la mayoría de nosotros no estamos siguiendo los pasos de nuestros padres como referencia.

Todos nosotros amamos a nuestros hijos y queremos lo mejor para ellos. Queremos escuchar nuestros corazones, nuestra intuición, y atender las necesidades de nuestros hijos. A veces, nuestra propia infancia puede representar una dificultad para nosotros. Hasta los padres más amorosos responden a veces a sus hijos en un tono que podrá ser de todo, menos amoroso y amable. Esto suele venir de heridas del pasado que el niño abre de nuevo. ¿Cómo podemos aprender a cuidar de nuestros hijos de forma amorosa, sin la interferencia de nuestros propios recuerdos dolorosos del pasado?

La crianza natural es el camino más corto para conocer las necesidades de un niño, y confiar y responder a sus necesidades es la mejor manera de evitar que nuestras propias preocupaciones interfieran en su cuidado. Pero aún y así, a veces no acertamos. Es relativamente fácil confiar en un bebé: darle el pecho, cambiarle el pañal, mecerlo, dormirlo. Pero cuando el pequeño empieza a adquirir independencia física, las cosas pueden seguir fluyendo con la misma facilidad, o pueden tomar una dirección de nos desconcierta, y es posible que ya no sepamos qué permitir y qué restringir. Los niños pequeños necesitan nuestro liderazgo. Necesitan una guía clara y amable, junto con nuestro apoyo y nuestro "voto de confianza". La belleza del liderazgo es que la mejor manera de dirigir, en realidad, es seguir al otro.

Cuando una madre me consultó sobre cómo conseguir que su hijo de 2 años dejara de tirar los cubiertos al suelo después de cada comida, yo le pregunté cómo se sentía ella respecto a este comportamiento del niño. Ella me dijo que le rechinaban los dientes de rabia y frustración mientras trataba de evitar que el niño desarrollara esas "malas maneras en la mesa". Pero en cuanto la madre escuchó su propia conversación interior, fue capaz de separar sus propias reacciones emocionales de las verdaderas necesidades del niño. Ella recordó el dolor de sentirse "utilizada" como si fuera una "esclava" por su familia, cuando era niña. Recordó que tenía que hacer tareas que odiaba, y que le regañaban y hacían avergonzar cuando no conseguía hacerlas lo suficientemente bien. También recordó el dolor que le inflingían si actuaba con la libertad propia de la niñez, y el miedo interior que frenaba su curiosidad y vivacidad a medida que fue creciendo.

Cuando esta madre se dio cuenta de que su reacción negativa al comportamiento de su hijo estaba basada en sus propias heridas del pasado, pudo ver lo que estaba pasando realmente: el niño no estaba exhibiendo "malas maneras en la mesa"; era más bien un pequeño científico que experimentaba con la gravedad. Cuando ella pudo ser capaz de ver las cosas desde el punto de vista de su hijo, pudo maravillarse y disfrutar de estos experimentos, igual que con otras ideas creativas del niño. Entonces pudo, además, jugar con él: tomó los cubiertos de plata, los repartió, y el niño los tiró una y otra vez. Ambos pudieron reírse de esto, ya que la madre estaba actuando en consonancia con las necesidades del niño, y no en su contra.

No debe sorprendernos que este juego de "tirar los cubiertos al suelo" desapareciera por sí mismo en cuanto el niño empezó a interesarse más por otros objetos y actividades. Su comportamiento en general mejoró, y la capacidad de su madre de disfrutar con él creció a pasos agigantados. La madre aprendió a ver a su hijo como un individuo con su propia perspectiva y sus propios motivos. Cada etapa en la vida de un niño está ahí para algo. Si podemos respetar y responder plenamente a sus necesidades en cada etapa de la vida, ellos podrán pasar por esa etapa y avanzar más allá.

Potenciar la responsabilidad

Mi hijo Oliver, de 2 años, estaba sentado junto a mi lámpara para que le leyera. En cuanto terminábamos de leer un libro, quería otro más. Le besé y le dije: “Pon este libro en su sitio, y trae lo que quieras leer”. Era una tarea sencilla, y lo hizo sonriendo. La vida de Oliver estaba llena de tareas pequeñas que podía realizar fácilmente. Los zapatos se quitan cuando llegamos a casa. Luego se guardan. Cada juguete se guarda antes de elegir otro. Su padre y yo le ayudábamos, en caso necesario, a hacer estas cosas con alegría.

A veces el desorden era demasiado abrumador, y terminaba por hacer yo la mayor parte del trabajo. Mi sentido del orden, la autodisciplina y la responsabilidad entraba en escena, con o sin la participación de mis hijos. Verme limpiar la comida que ha caído por el suelo, o ayudarme voluntariamente a hacer esta tarea (a petición suya) eran herramientas mucho más útiles para Oliver que verse obligado a hacerlo él antes de estar preparado de verdad para ello. De la misma manera, mi tono amable de voz, mi generosidad y amabilidad al responder a sus necesidades, le enseñaban todo lo que un millón de palabras no conseguirían comunicar.

A los 3 años, Oliver me pedía que limpiara si la comida se caía fuera del plato. Ya le interesaba este asunto. Por el contrario, mis otros hijos no internalizaron esta actitud hasta mucho más tarde. Cada niño tiene su propio ritmo y su propia tabla de desarrollo. En una relación construida sobre el apego, los niños internalizan todos los matices de nuestra forma de ser, porque confían en nosotros. Cuando somos autodisciplinados, ellos siguen nuestro liderazgo. Cuando viven la experiencia de nuestra amabilidad y gratitud hacia ellos, se convierten a su vez en niños amables, y cuando nos ven cooperar, aprenden a cooperar.

Algunas personas pueden decir: "No, mi hij@ parece que no aprende". Yo puedo garantizarles que puede que no haya aprendido todavía, pero que lo hará tarde o temprano. Cuando haya terminado de crecer, su comportamiento será casi como el de un adulto. Puede que no cumpla con todas las expectativas de sus padres, sino con las suyas propias: crecer, realizarse plenamente, pertenecer y contribuir. Será únicamente él mismo o ella misma.

Algunos padres pueden tener un hijo "enérgico", o pueden ver a su hijo o hija como “diferente, distindo a los demás”. Cada niño es único. Un padre o madre puede sentirse apegado, satisfacer las necesidades de sus hijos, ser amable y amoroso, y aún así puede tener dificultades insospechadas. Algunos niños, simplemente, tienen una manera de ser poco usual. En estas situaciones, puede que los padres tengan que aprender a reconocer las necesidades de su hijo o hija. Los niños se comunican de maneras que no siempre están claras para los padres. Aunque la crianza natural desarrolla nuestra sensibilidad para comprender el lenguaje especial de nuestros hijos, a veces podemos perder de vista la realidad interna del niño.

Decir "sí" la mayoría de veces fomenta la confianza y la cooperación

Cuando un niño se vuelve muy demandante, quejica, o menos receptivo, probablemente es que se siente frustrado por necesidades no satisfechas. La tolerancia del niño a la frustración y a no conseguir lo que quiere tiene mucho que ver con el grado en que siente que la vida en general acompaña sus necesidades, y no va en contra de ellas. Tendríamos que decir “sí” a las necesidades de nuestros hijos tanto como sea posible; cuando no es posible, al menos podemos decir “sí” a sus sentimientos.

Respetar y satisfacer sus necesidades es la mejor manera de asegurarnos de que nuestros hijos sean felices y cooperativos. El juego y la experimentación son la principal ocupación de un niño pequeño, y necesita nuestro voto de confianza para ello. Hacer una escultura de puré de patatas no le hace daño a nadie, es barato y se puede limpiar. Escaparse corriendo a la hora de irse a la cama es una invitación al juego, y desmontar un teléfono viejo es una aventura de aprendizaje. La mayor parte de nuestros "nos" se pueden convertir en "síes" muy fácilmente: "Sí, te gusta recortar los libros, aquí tienes una revista que puedes recortar"; "Sí, ya veo que estás haciendo un lago con el zumo. Bueno, déjame trasladar tu experimento al fregadero"; "Sí, te gusta pintar en la pared, aquí tienes una gran hoja de papel para pintar"; "Sí, puedes jugar con mi teléfono (que acabo de apagar)".

Cuando algo no hace daño a nadie, es seguro, y fácil de limpiar, podemos convertirnos en líderes si les proporcionamos herramientas y retiramos los obstáculos. Esto le ayuda al niño a sentirse digno de ser respetado y a confiar en nuestro liderazgo, nuestra guía y nuestras intenciones. Entonces responderá a nuestro liderazgo no con miedo o intimidación, sino simplemente porque quiere respondernos con tanta amabilidad como nosotros le hemos atendido.

Proporcionar liderazgo en momentos difíciles

Una niña de 3 años estaba disfrutando alegremente de un baño en la piscina, en brazos de su madre. Cuando quiso dar por terminado el baño, pidió que le pusieran la ropa para jugar en la hierba. En cuanto estuvo vestida, empezó a lloriquear: “Mamá, quiero irme a casa ahora”. La madre le dijo que ahora le tocaba bañarse a su hermano, y que después de 5 o 10 minutos se irían a casa.

La niña se mantuvo inflexible: "¡AHORA!", gritó, "¡Quiero irme a casa AHORA!". Esta madre quería satisfacer las necesidades de ambos niños. Lo que hizo fue validar los sentimientos de su hija, mientras la acariciaba cariñosamente: "Quieres irte a casa ahora, y no podemos hacerlo todavía. Estás triste y lloras". La niña pidió una vez más ir a casa y contó con la validación de su madre, pero no hubo ningún cambio de planes. Una vez su necesidad de empatía fue satisfecha, dejó de llorar y jugó alegremente el resto del tiempo.

En muchos casos, la historia es al revés: un niño no se quiere ir. El reto es el mismo, no obstante. El niño quiere algo que no es posible, ya sea porque entra en conflicto con la necesidad de otro niño, porque es perjudicial, o por cualquier otro motivo. Los padres pueden sentir ansiedad por proporcionar todo aquello que el niño pide, o pánico de hacer frente a un niño contrariado o que llora. Estar al lado de nuestros hijos no siempre significa que sea posible darles todo lo que quieren. La mayoría de los niños que hablan son capaces de comprender y aceptar los límites de la realidad, siempre y cuando les mostremos que nos interesamos por sus sentimientos y que los comprendemos.

¿Cuándo aprenderán a "comportarse"?

Las expectativas de los padres pueden ser el mayor obstáculo para el desarrollo del niño y una de las principales causas de dificultades. Los niños hacen absolutamente todo lo que pueden para aprender, para imitar nuestro ejemplo, y para agradarnos. Nosotros podemos confiar en ellos y guiarlos basándonos en su etapa de desarrollo. Tienen un gran reto por delante: convertirse en adultos. Tienen prisa y van todo lo rápido que pueden. Indicarle a un niño que tiene que crecer aún más rápido solo puede conducir a experiencias de fracaso y rebajar su autoestima.

La causa más frecuente de dificultades son ciertas prácticas comunes en muchas familias: castigos, amenazas, privaciones, tiempo fuera, sobornos, insultos, gritos, regañinas, inducir sentimientos de culpa, y otras formas de control sobre los niños. Lo mejor que podemos hacer como padres para garantizar que nuestros hijos van a crecer y convertirse en adultos compasivos, comunicativos, responsables, afectuosos y considerados es tratarlos con esas mismas cualidades, y confiar en ellos para adaptar nuestro comportamiento a su propio ritmo.

Amamantar a demanda, llevar en brazos, responder al llanto o colechar son solo una parte de la crianza natural. Un niño hablará en un tono amable si escucha que sus padres le hablan con amabilidad, a él y a los demás. Es probable que sea cuidadoso con las cosas si ha observado cómo los demás son cuidadosos con su entorno. Aprenderá a compartir si comparten con él, y si se le respeta cuando no está preparado para compartir. Aprenderá a decir "gracias" cuando reciba y observe expresiones de gratitud. La única forma de saber cuándo cabe esperar el desarrollo de ciertos comportamientos es observar al niño. Mientras tanto, los padres pueden guiarlo, no mediante el control o las órdenes, sino mediante el ejemplo y una orientación clara y amable.

Declaración de total confianza en los niños

1.El comportamiento propio de los adultos madura en el momento en que somos adultos.
2.No tener expectativas significa no sufrir decepciones y no ejercer una presión perjudicial sobre el niño.
3.Los niños responden mejor al modelo y el liderazgo, no al control.
4.Confía… y espera.
5.Elige entre tu conveniencia momentánea y tus objetivos a largo plazo sobre el modo en que tu hijo se verá a sí mismo.
6.Disfruta de tu hijo por lo que es, no por lo que te gustaría que fuera: nunca va a volver a tener esta edad.
7.Distingue entre tus necesidades emocionales y los sentimientos y necesidades de tu hijo. Actúa hacia tu hijo en armonía con sus necesidades; preocúpate de tus necesidades emocionales en otra parte.
8.Celebra que tu hijo es un ser único, igual que lo eres tú.
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© Copyright Naomi Aldort. Reimpreso y adaptado de “Kangaroo Kids”, boletín de noticias de Northwest Attachment Parenting, núm. 27, otoño de 1998.

Naomi Aldort es autora de Raising Our Children, Raising Ourselves, traducido al español como Aprender a educar sin gritos, amenazas ni castigos. Padres y madres de todo el mundo solicitan el asesoramiento de Naomi Aldort por teléfono o personalmente, escuchan sus CDs o asisten a sus talleres. Sus columnas de opinión aparecen en revistas sobre crianza y educación de Canadá, Estados Unidos, Australia o el Reino Unido, y se han traducido al alemán, francés, hebreo, neerlandés, japonés, chino, indonesio y español. Naomi Aldort está casada y es madre de tres chicos. Su hijo menor es el violoncelista Oliver Aldort . Su hijo mediano es el compositor y pianista autodidacta Lennon Aldort . Su hijo mayor, Yonatan Aldort, es estudiante universitario y escritor.

Boletín de novedades, información sobre teleclases, atención telefónica y productos www.NaomiAldort.com o www.AuthenticParent.com.

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Traducción: E. García-Peña, para Crianza Natural.

viernes, 29 de octubre de 2010

Historia del amamantamiento

Si pretendemos comprender la lactancia materna desde el punto estrictamente biológico parece incuestionable, en tanto somos mamíferos, la leche materna es el mejor alimento para las crías humanas, y durante millones de años además fue el único. ¿Es que la cultura humana está perturbando la naturaleza?. Si midiéramos a los humanos solo con la vara de la biología como si fuéramos un mamífero más, aún así más deberíamos señalar algunas adaptaciones biológicas sumamente interesantes que sin duda contribuyeron a que hoy día seamos como somos.


Las huellas más antiguas conocidas de homínidos bípedos (3.7 millones de años), aproximadamente contemporáneas de las modificaciones de la mama humana, la sexualidad continua y posteriormente la pereja.


LOS PRIMEROS PASOS DE LA ESPECIE

En nuestra especie, en los primeros millones de años posteriores a la divergencia, se seleccionaron rasgos adaptativos muy interesantes relacionados con la lactancia: los senos globulares de las hembras humanas por ejemplo pueden ser considerados una maravilla adaptativa, o un cruel engaño (o un engaño maravilloso, como prefiera el lector).
Repasemos algunas de las más importantes características que nos metieron en el corredor evolutivo que terminaría dándole forma al homo sapiens-sapiens (que somos):

a) la bipedestación que liberó las manos de la locomoción permitiendo la acentuación del desarrollo viso-motor y la prensión fina, también acható las caderas en sentido antero-posterior complicando el pasaje del feto en el canal de parto.

b) el omnivorismo que nos condenó a la variedad y donde la ingesta de proteínas y grasas animales disparó el proceso de encefalización, con el coeficiente mas alto de los mamíferos superiores y con el correlato del aumento del volumen de la cabeza en las crías que, combinado con las modificaciones de la cadera, condicionaron nacimientos problemáticos y crías inmaduras (respecto al mundo animal) con una importante exterogestación para nutrir de estímulos ese órgano complejo y metabólicamente caro que es el cerebro humano.


c) la sexualidad continua separó sexualidad de reproducción, posibilitando al mismo tiempo el incremento de la fecundidad y modificaciones conductuales de y entre los géneros, que además vendrían a moderar los efectos de las problemáticas anteriores generadas por a) y b). Aquí se inscriben las modificaciones de la mama humana.



EL IMPACTO DE LA SEXUALIDAD CONTINUA

Aquellas hembras que presentaran en sus senos una película de grasa que luciera como la hinchazón de las mamas en el proceso hormonal correspondiente a la ovulación, atraerían más a los machos, aumentando la frecuencia de encuentros y posibilitando la transmisión de esas características a sus hijas. En grupos tan pequeños como los de los homínidos africanos de hace 5 millones de años una ventaja reproductiva (aún con una envergadura del 0,2%) se transmitiría rápidamente y en 15 generaciones ya tendríamos a todas las hembras con atractivos y mentirosos senos redondeados.

Pero además, la sexualidad continua cimentó las relaciones entre hembras y machos (que no tienen que luchar entre si) para la protección de las inmaduras crías de cerebros gigantescos y delicados, que demandaban proteínas y grasas animales solo posibles de obtener mediante la cooperación, la comunicación y la fabricación de herramientas.

Estas adaptaciones biológicas nos podrían hacer creer que el amamantamiento estaba instalado de por si y para siempre en la especie humana. Y sin duda fue así el 99% de la vida de nuestra especie en el planeta. Pero si redujésemos la humanidad (o la lactancia) a sus aspectos biológicos no comprenderíamos la humanidad (ni la lactancia).

En tanto no conocemos la realidad sino por los símbolos que creamos para comprenderla, la cultura humana, causa y efecto de nuestra humanidad, complejiza el análisis.
Porque con la revolución neolítica y la dependencia alimentaría de la agricultura y el pastoreo, con las papillas de cereal y la leche del ganado de ordeñe, la lactancia se verá primero complementada y luego francamente cuestionada.


Culturas que no contaron con el tipo de herbívoros capaz de proporcionar leche en abundancia continuaron amamantando normalmente a sus hijos. En Asia menor y central, Africa y Europa, en cambio, sobrevino un paulatino pasaje de la lactancia materna hacia sustitutos animales.

Con el paso del tiempo, el proceso iniciado miles de años atrás continuó, estableciéndose la diferencia entre mujeres pobres (que amamantaban) y "señoras de calidad" que no.
Hacia fines del siglo XIX todavía la alimentación de los bebés de las clases altas estaba a cargo de mujeres alquiladas o esclavas que en ocasiones desarrollaban con ellos vínculos maternos indisolubles.
CULTURA Y LACTANCIA
Es interesante ver cómo la introducción de la leche de los herbívoros domésticos condicionará un cambio en el pool genético de la humanidad. Transformándose la cultura en nuestra verdadera naturaleza.

En las poblaciones de primates (y seguramente también nuestros antepasados) el 95% de los individuos dejan de sintetizar lactasa, la enzima que permite metabolizar la lactosa –el azúcar de la leche- en dos azúcares simples sacarosa y galactosa- en el intestino, cerca de los cinco años de edad.
Este mecanismo está regulado por un gen y es el funcionamiento estadísticamente “normal” en especies que para proveerse de leche solo tienen a sus madres.

En estas poblaciones solo un 5% de “anormales” continúan sintetizando la enzima durante la adultez. La misma proporción se da entre los humanos cuyas culturas no basaron su alimentación en el “robo” de leche a sus animales domésticos, como la población china, japonesa, pacífico-insular, esquimal y americana nativa. Que son en un 95% intolerantes a la lactasa.

En cambio las poblaciones de Asia menor y central, África y Europa donde la supervivencia de los niños y los adultos se vio mejorada en los individuos con este gen anómalo que permitía seguir consumiendo leche de otros mamíferos hasta la adultez, la intolerancia a la lactasa es inversa 5% de intolerantes 95% de tolerantes.

Como vemos, este arreglo cultural que fue la domesticación y el ordeñe permitió mejorar la calidad de vida al aumentar las fuentes alimentarias que sobrevivieran mellizos (que en culturas cazadoras recolectoras es prácticamente imposible) y reducir los espacios intergenésicos y por lo tanto aumentar la población humana.

También en las culturas agrarias, de plantadores y agricultores, la lactancia materna se complementará con papillas, primero de cereal tostado y remojado y recién después del 6000 remojado y hervido.

El éxito de las unidades domésticas de producción mixta (agricultura y pastoreo) fue durante milenios (10.000 a 5000 AC) el motor de los cambios sociales y culturales que nos llevaron a esas organizaciones complejas que son los estados, con producción de excedentes agrarios (y apropiación diferenciada de esos excedentes por diferentes estratos o clases sociales) niveles de administración diferenciados, especializaciones en la producción y circulación de las mismas en intercambio en mercados con moneda y comercio de largo alcance.

En todos los estados, donde hay estratos sociales diferenciados también hay formas de vivir diferenciadas y por lo tanto cocinas diferenciadas (alta cocina, “cuisine” para los señores , baja cocina o cocina campesina o cocina a secas para los plebeyos).

Estas sociedades han marcado los privilegios de las mujeres aristocráticas separándolas de la alimentación. Hay dos actividades que -en todas las sociedades estatales desde hace 6000 años- marcan las diferencias sociales y son la molienda y el amamantamiento: las reinas ni muelen ni amamantan.
La separación de la función nutricia de la mujer aristocrática (que pasará por efecto de demostración a ser la aspiración de los demás estratos sociales) no es otra cosa que la inversión del proceso de dominación del cuerpo de la mujer y es consistente con la aparición de las cocinas diferenciadas (de pobres y de ricos) y cuerpos de clase (durante milenios las clases sociales se distinguían por el tamaño de la cintura, los ricos gordos, los pobres flacos).


Podemos rastrear esta interdicción cultural del amamantamiento en la aparición del "complejo de supremacía masculino" que aparece en las sociedades agrarias, en ambientes circunscriptos y con rápido crecimiento demográfico, donde la distribución empieza a sesgarse, estratificando la sociedad en clases (es decir “inventan” la pobreza) y limitando el consumo de la mitad femenina (porque se necesitan hombres fuertes para “invertir” en la guerra) en favor de la mitad masculina.

Con este rápido racconto de los procesos de producción que condicionaron la organización social vemos que la “competencia” de la lactancia materna tiene raíces muy antiguas y es producto de determinadas condiciones ecológicas, económicas, demográficas que priorizan ciertos y no otros contenidos culturales transformados en símbolos que dan sentido a lo que "hay que hacer " o al modelo de lo que “hay que ser”.

La industrialización pareció poder suplir la lactancia materna con productos aparentemente superiores que décadas después demostraron se altamente perjudiciales para los bebés. Sería recién a partir de los años '60 del siglo XX que el amamantamiento natural recobraría la importancia que comenzó a perder miles de años antes.

CUANDO EL BIBERÓN SUSTITUYÓ A LA TETA

La revolución industrial profundizará los símbolos de desprestigio de la lactancia poniendo como modelo de la producción el individuo-masculino-libre-dispuesto a vender su fuerza de trabajo en el mercado.

El modelo de mujer -madre-nodriza-maestra será condenado como no-moderno y típico de las sociedades del pasado cuando diversas instituciones suplan las funciones que hasta ese momento había cubierto la familia (educación: la escuela, salud: el hospital, cuidados: el asilo y la agro-industria: la alimentación, cada vez mas procesada, envasada, conservada y alejada de la naturaleza). Con la puesta a punto de las leches industriales se "liberará" a la mujer de la crianza para integrarla definitivamente al mundo del trabajo asalariado.

La introducción y expansión del consumo de leche en polvo fue impulsada por todos los sectores sociales, la industria alimentaria y la farmacéutica por obvias razones de conveniencioa pero los industriales en particular apoyaron la difusión de la leche en polvo como elemento clave de la reproducción de una fuerza de trabajo por demás escasa, los médicos (que competían por la mejor fórmula), los políticos (tanto los conservadores para los que “gobernar es poblar” como los socialistas que ponían a la leche en polvo como elemento de liberación femenina e igualdad frente al varón), diversos sectores de intereses divergentes por motivos contradictorios apoyaron y justificaron el levantamiento de la lactancia y sus sustitución por leche de vaca.

Hoy la alimentación está en crisis (la economía y los valores que también pero esos excede esta nota) y nos encontramos ante un verdadero dilema, si no cambiamos los patrones de consumo de TODOS (tanto los que viven en países pobres como aquellos que viven en países ricos) peligramos como especie.

La industria ha convertido los alimentos en OCNI (Objetos Comestibles No Identificados), las condiciones del mercado productivo no ofrecen empleo para todos por lo tanto el uso tiempo y del ingreso se vuelven problemas prioritarios.

El fin de la era industrial nos enfrenta a condiciones ecológicas, económicas, sociales y simbólicas totalmente diferentes a aquellas que dieron origen al desprecio por la lactancia. Por eso aquellas interdicciones culturales que separaban a la mujer de su cuerpo, excluyéndola de su función nutricia están perdiendo sustento y la lactancia materna se nos presenta como una recuperación de sentidos, ligada a la razón, a la ciencia, a la identidad a la salud, al bienestar económico y psicológico.

Antes que recuperar nuestra biología (que no ha cambiado mucho en los últimos 250.000 años) la recuperación de la lactancia materna se inscribe en la recomposición de guiones culturales que estructuran nuevas gramáticas del consumo alimentario.

Dadas estas nuevas condiciones (que podemos apoyar con las investigaciones) creemos que el esfuerzo de reinstalación de la lactancia está condenado al éxito, lo que no quiere decir que se deje se hacer el esfuerzo, sino que algunas de las condiciones culturales que apoyaban la resistencia al amamantamiento han caído y “solo” resta recuperar los guiones culturales que devuelvan a la mujer y al bebe el sano derecho de amamantar y ser amamantado.
Fuente: http://www.muval.com.uy/1_museo_virt_lact1.htm


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