jueves, 26 de enero de 2017

Mi bebé rechaza el biberón (y yo debo dejarlo unas horas para ir a trabajar!)

Por Melina Bronfman

Jamás en mi vida creí que escribiría este artículo. ¿Ayudar a dar el biberón??
Vade retro, Satanás!
Por lo tanto decidí no hacerlo. No escribiré un artículo sobre cómo dar el biberón, sino, para entender las razones por las que el bebé lo rechaza. Y cómo ayudarlo a alimentarse.
Una alegría que me da la necesidad de escribir esta nota es que antes las mujeres sólo pedían ayuda para amamantar. Nunca había sucedido que sus bebés no conocieran el biberón. Más del 80 % se alimentaba así después del segundo mes de vida. Las tendencias se están revirtiendo, gracias al acceso a la información y a los círculos de madres en los que las mismas  mujeres se identifican con su enorme potencial de amamantadoras, con el el placer de poder tranquilizar a sus hijos del hambre, del sueño, del dolor y de un sinfín de  necesidades fisiológicas con sólo ”pelar”.
Eso, antes no sucedía, no, no, no.

Antes todas las mujeres sabían dar biberón y solo unas pocas eran las raras que daban teta. Afortunadamente se pusieron de moda la salud y el placer que brinda la fisiología, y más mujeres se entregan a lactancias exclusivas sin hacerse ya las preguntas de “¿estará bien así”? “¿no estará tomando demasiado seguido?” o “¿será que se queda con hambre?”. YA SABEN cómo funciona la fisiología y la ejercen.

 Estas mismas madres entusiastas, pasan días y meses amamantando y extrayéndose leche para tener en stock para cuando deban reincorporarse al trabajo. 
El freezer se va llenando de bolsitas y frasquitos. El bebé va cumpliendo meses. Y así llega el día, no de volver a trabajar, pero si de la prueba piloto.


El bebé aún se alimenta solo de leche, pero cuando la familia quiso hacer la prueba de alimentar con biberón, el bebé lo ha rechazado, llorando, cerrando la boca y no ha tragado ni una sola gota.
 Las madres ven derrumbarse su mundo cuando deben reincorporarse al trabajo y no encuentran la manera en que el bebé acepte el biberón.
Consultan desesperadas, angustiadas. Sus bebés toman con tanta frecuencia el pecho, ¿cómo va a estar tantas horas sin ingerir NADA? ¡No pueden dejarlo así!

La pregunta es ¿Por qué los bebés rechazan con tanta frecuencia el biberón? ¿Acaso una generación atrás no tomaban casi todos ellos de esas botellas?
Este es el punto principal: hemos naturalizado tanto los biberones que creemos que para los niños es natural que les acerquen un biberón y abrir la boca. Pero no, no tenemos impreso en los genes ni el uso del chupete ni el uso del biberón.
Pero esto es lo que sucede desde el punto de vista del bebé. ¡Toda su vida tomó teta! Él conoce que está relacionado a tomar del cuerpo de su mamá. Su olor. El gesto de levantarse la ropa, La aproximación mutua. El hociqueo que debe hacer hasta encontrar el pezón y succionar “estilo teta” para obtener su leche. Y de repente la mamá o el papá (o cualquier adulto) un día, y con todas las intenciones de entrar en tu boca aparece con un material sólido que se parece más bien a un misil.
¡Lo lógico es que el bebé lo rechace!
Entonces, ¿cómo hacer?

Si el bebé ha de usar biberón (hay otros recursos que veremos más adelante), primero debe verlo, tocarlo, reconocerlo, chuparlo (no necesariamente de la tetina), y descubrirlo por sí mismo.
Cuando se le presenta el objeto, se le debe explicar “esto es para darte leche cuando yo no esté para darte la teta y necesites comer”. “Te la va a dar XXXX”. A continuación podrías mostrarle cómo se usa, por donde sale el líquido (mostrárselo con un poco de agua en su interior puede funcionar). Luego beber de allí o darle a alguien a beber de allí, para que LA IMITACIÓN, gran recurso de aprendizaje, habilite la acción. “Si mi mamá o mi papá se lo meten en la boca no es riesgoso”. La curiosidad hará el resto.
Quiero subrayar con esto que los bebés necesitan de muchas anticipaciones para cualquier cosa que les sucederá. No es bueno para ellos ser colocados en el lugar de alguien que tiene que sacar una conclusión, o conjeturar. Necesitan SABER qué ocurrirá, y en todo caso, CONSTATAR con la información que se le ha dado, si lo que ocurre es lo que ya se le había avisado.

También está el punto de que la madre, secretamente (o a voz en cuello) lamente que aparezca la tetina entre el bebé y ella, por el temor de que confunda la succión del bebé y así arruine la lactancia a mediano y largo plazo. Pues no será así. SI el bebé toma la teta, el vínculo creado entre ambos es único y un biberón mientras ella no esté, NO va a arruinarlo. En este caso tanto bebé como mamá deben saber que el biberón sólo aparece en ausencia de la mamá.

Pero el biberón no es la única manera de administrar leche a un bebé. Puede ser a través de un vasito, o bien una cucharita. He visto a una madre usar la típica cremera o salsera de las vajillas elegantes, dándole al bebé del piquito de beber.

Pero TODO debe ser relatado, mostrado, permitido de conocer y reconocer, y luego administrado, cuando el niño sólo necesita chequear.

Alimentarse es un acto de a dos. En el inicio, el adulto alimenta directamente al niño, y luego, el adulto prepara los alimentos y los comparte con el niño. Por lo tanto, NUNCA, el bebé debería habituarse a tomar el biberón SOLO, cosa que muchos adultos festejan como signo de independencia del bebé. 
Lo que todos debemos saber, tanto madres que den biberón, como adultos que estén a cargo de los cuidados del bebé, es que todo puede florecer en el territorio de la CONFIANZA, y , más que nunca en el momento de alimentarse, el vínculo entre ambos, de entrega mutua, debe estar presente.


Nota: para quienes tienen miedo de el biberón confunda la succión del bebé, existe una manera "fisiológica" de dar el biberón, llamado método Kassing, he aquí los puntos básicos extraídos de este link

Este método recrea las condiciones más parecidas al pecho, en cuanto a esfuerzo, estimulación y enganche se refiere. Ayuda a preparar al bebé para la vuelta al pecho.
Nos hace falta:
  • Una tetina base estrecha.
  • Que la tetina sea larga (18 mm- 2cm): para estimular punto “S” se encuentra entre el paladar blando y el duro.
  • Que la tetina sea blanda, así es más parecida al pezón.
  • Que sea de las clásicas, es decir, de las redondas por todos los lados. Evitar las anatómicas puesto que no crean una succión más fisiológica.
  • El niño debe estar sentado, en un ángulo de 90º No recostarlo imitando las posturas al pecho.
  • Hay que colocar el elemento biberón lo más horizontal posible para evitar gravedad y crear así un flujo más lento de leche que el bebé pueda regular.
  • Estimular el reflejo de búsqueda tocando las mejillas, los labios la nariz y meter tetina entera cuando esté la boca bien abierta.
  • Es el niño el que controla la velocidad y cantidad que desea tomar.
  • Dejar que haga 5-6 succiones y sacar de la boca como el tapón de una botella de cava.
  • Iniciar de nuevo el proceso estimulando el reflejo de búsqueda, repetir hasta que el niño se duerma o no quiera más alimento.




sábado, 14 de enero de 2017

¿Quién es mamá? ¡Yo, hijo! ¿Y por qué hablas de otra persona?

Desencuentros comunicacionales entre el niño y el adulto.

Hace bastante tiempo que vengo observando unas cuantos quiebres el uso indebido y hasta extraño de la “persona gramatical”, la persona que lleva a cabo la acción.
El territorio de observación inicial fue el de la mater paternidad, porque es donde estoy la mayor parte del día.
He escuchado infinidad de veces a madres decirles a sus hijos “mamá te dijo que …” o “No llores, acá está mamá”. También escuché a padres “hacele caso a papá”, y me daba la sensación de que tanto al bebé como a mí, nos impulsaba a mirar alrededor a ver si el padre efectivamente estaba cerca de ellos dos.




Esta modalidad, confusa a mi modo de ver, de comunicación, no es única entre madres, padres, hijas e hijos, sino que aparecen en otros territorios de la vida humana.
Por ejemplo observé que en las clases de trabajo corporal es muy corriente escuchar por parte del/a facilitador/a, por ejemplo, un “me estiiiiro” cuando te quieren indicar en realidad que VOS te estires.
Hace poco en una clase de yoga, ocurrió un momento bastante cómico en donde la profesora, amiga además, dijo “muevo la articulación del tobillo” y yo me acomodé para mirar cómo ella movía su pie. Ella, a su vez se quedó mirándome, desconcertada por mi quietud (no estaba respondiendo a la consigna).  De repente caí “ah, yo muevo, ok”.

Recuerdo en varios acompañamientos de parto, en donde el profesional le decía a la parturienta “respiro profundo” y la mujer desconcertada miraba al profesional (estimo que para constatar que respiraba profundo) hasta que una vez se me ocurrió susurrarle “quiere decir que vos tomes aire”.
También recuerdo el relato de una mujer en su parto cuando el obstetra varón alentándola a pujar, se sincera con un “soplo por la vagina”. Sería desopilante si no evidenciara, además de la disociación de persona de la acción planteada en el artículo, porque según esta declaración, el obstetra alienta a la mujer contándole que él no sélo tiene vagina, sino que además sopla (¿?) con ella, el interrogante acerca de qué hacen los varones ocupándose de procesos fisiológicos femeninos. Pero eso es tema de otro artículo.
Sigo. Diego Maradona hablando de sí mismo, mencionándose como si fuera otra persona.
Las veces que lo he llegado a escuchar me sentí bastante desorientada hasta que entendí de qué o quién estaba hablando.

Otra circunstancia muy habitual es hablar de lo que nos pasa, como si en realidad le ocurriera a nuestro interlocutor/a.
_“No sabés la vergüenza que te da hacer tal cosa”.
_¿A mí?,
 _No, a mí.
 _Ah pero hablabas de mí.


¿Vos sos yo, o somos los dos al mismo tiempo?

Volviendo a la comunicación entre padres e hijos, también quiero destacar otros dos hábitos comunicacionales que confunden mucho a los niños.
1: Incluirse en algo que le sucede sólo al niño: "Hoy estamos con dolor de panza". O el típico "¿Nos ponemos la campera?"(Cuando el adulto, por ejemplo, ya la tiene puesta y está esperando que el niño acceda a colocársela).
2: Hacerle una pregunta, como si el niño tuviera la opción de elegir "¿Nos vamos a casa"? (lo de la campera también aplica). "¿nos cambiamos el pañal?". Y el niño se preguntará cuándo le toca al adulto, ya que nunca lo vio cambiándose los pañales.

Estos dos hábitos no solamente confunden al niño, sino que lo sacan del lugar  de niño, ya que lo ponen en situación de tomar una decisión cuando en realidad le corresponde al adulto hacerlo.
Para colmo, normalmente el adulto hace la pregunta para pedir la aprobación del niño, cuando en realidad ya tiene una decisión tomada, y ante el NO del niño, lo hace igual (salir de la casa, ponerle la campera o cambiarle los pañales), lo que suscita el interrogante por su parte "¿para qué me pregunta? y probablemente una reacción violenta del niño ante la frustración o el no respeto por sus elecciones.
En estos casos el adulto debería tener el cuidado de hablar con afirmaciones, anticipando al niño lo que sucederá en el mediano y corto plazo, para que éste vaya preparándose. Es muy pesado para un niño tener que decidir lo que va a sucederle, es muy más tranquilizador saber que hay un adulto a cargo, que sabe qué y cuándo hacer y al que no le duele la panza.

Conclusiones

Concretamente no me parece tan grave que nos mezclemos en el hablar si ambos compartimos el código, somos adultos, y tenemos recursos emocionales y lingüísticos para reorganizarnos ante un/a interlocutor/a confuso/a.

Personalmente yo procuro no hacerlo y circunscribo, con el nivel de autoconciencia que tengo hoy en día, lo que me ocurre y siento a mi persona, de la misma manera que no involucro a otras personas en mis procesos personales.

Pero me da un cierto escozor que tan regular y sistemáticamente, no se tenga en cuenta lo confuso que puede ser para un niño, en pleno proceso de individuación, de construcción de su yo, que la palabra “YO” nunca se mencione, y se hable en tercera persona de quien se refiere a sí misma/o.
Esta situación sí tiene su gravedad, porque los niños están en pleno proceso de organización, construcción personal. Deberíamos, como adultos responsables de su desarrollo, darles las herramientas más impecables posibles, y quizás eso implique abrir un espacio de autobservación de nuestras propias acciones, incluyendo el lenguaje.

No deja de llamarme la atención los enormes déficits de comunicación que ya, de por sí, como sociedad, estamos teniendo. Dificultad en la comprensión de un texto, de comprensión de la palabra hablada.

Y otra dificultad, más grave aún, es la de ser conscientes de la necesidad de chequear si estoy siendo escuchada, y cómo es esa escucha.
¿Nos llama la atención la expresión de desconcierto o de desorientación que vemos en la persona que tenemos delante, ya sea bebé, niño o adulto? ¿Nos hemos tomado el trabajo de ver cómo reacciona un bebé de meses cuando lo saludamos a una distancia prudencial (normalmente cuando son pequeños tienen terror que los desconocidos se acerquen y los toquen) y esperamos su respuesta en su rostro?

Efectivamente, la comunicación, no es sólo verbal. También es gestual. No se trata de chequear a quién nos escucha, sino de también quién interactúa con nosotros. Porque tanto el lenguaje es acción, como la acción es lenguaje (o comunicación).

Creo que de verdad, no solemos preguntarnos con quién hablamos cuando hablamos, y qué generamos en nuestros escuchantes.
Pregunta que merece hacerse cuando nuestro escucha es nuestro hijo (o un niño cercano), y está construyéndose física, emocional y lingüísticamente.
Como ejemplo, puedo citar a una niña que tomaba a la madre de la mano con un "te acompaño", cuando en realidad ella quería expresar "acompáñame". Sí, con el tiempo lo corrigió. Lo que me quedo reflexionando, es cuántas correcciones debemos hacer a nuestra data entry, porque ingresamos los datos incorrectos. Es como poner los programas equivocados en la computadora, y tener que desisntalarlos, instalar los adecuados, etc. Finalmente funciona. Pero hemos perdido un tiempo y una energía innecesariamente irrecuperables!

Algunas recomendaciones a la hora de comunicarnos:
  • chequear si nuestro mensaje llega como deseamos que llegue.
  • dar tiempo al niño para que internalice lo que hemos dicho, lo procese, y responda verbal o corporalmente.
  • a su vez, el adulto mostrar que el mensaje del niño ha llegado tal y como él/la necesita.
  • JAMÁS colocar al niño en situación de tener que deducir qué queremos decir.

A modo de cierre, compartiré los pensamientos de Agustina Petrella, otra amiga, que hace standup, en un monólogo sobre maternidad ella confesó: “ya sé por qué las mamis hablamos de nosotras en tercera persona. Para salvaguardarnos de pagar las culpas de los errores que cometimos en la crianza. Cuando nuestros hijos nos vengan a reclamar, les diremos, no, yo no fui, (señalando acusativamente a un costado), ¡fue mamá! “

Los saluda con mucho cariño Melina (¿vieron? Suena cuanto menos, ¡raro!)
Ahora sí, ¡nos estamos escuchando!
Melina


lunes, 25 de abril de 2016

Los Enemigos del Desarrollo Infantil Saludable


Nota: en el  artículo hablo de “bebé” y “niño”, pero me estoy refiriendo a niños y niñas.

Criar un bebé es una tarea difícil, por varios motivos: para el bebé es difícil ser bebé, y para el adulto, es difícil acompañar a alguien que lo está pasando mal. El bebé emite señales y el adulto debe interpretarlas, éste y no siempre lo logra.
Para colmo, vivimos en una época en la que los conceptos acerca de la crianza son diversos, diametralmente opuestos me atrevería a afirmar. Se suelen encontrar artículos en los que se recomienda dejar llorar al bebé para que “no le tome el tiempo al adulto”, y otros en donde se fundamenta por qué hacer semejante cosa es perjudicial para el niño.
Se recomienda estimular al bebé para que desarrolle sus potencialidades al máximo, y otras voces desrecomiendan rotundamente la estimulación, porque explican que en realidad limita el desarrollo. Y así las jóvenes madres se encuentran en la disyuntiva de elegir de acuerdo al fundamento con el que se identifican, aquél que les hace más sentido, o quizás aquél que ha primado en su familia como hábito de crianza, sin cuestionamiento alguno acerca de sus posibles efectos.
No ha de faltar el temido comentario del entorno mayor “a ti te hemos criado así y bastante bien has salido” o lo que es peor aún, cuando los mismos padres justifican enfoques nocivos de crianza con el “a mí me han criado así y soy una persona de bien”.
Pero, entonces ¿cómo saber? ¿qué está “bien” y qué está “mal”?
Existe al menos una respuesta inequívoca que nos puede guiar en todo momento, y esta respuesta es LA FISIOLOGÍA. La fisiología es el comportamiento espontáneo del organismo para regularse y desarrollarse. Es inequívoca, indispensable e inevitable. Tiene una expectativa que debe ser satisfecha. Un ejemplo muy sencillo de la necesidad de satisfacción de la fisiología es el sueño. Si no llegamos a dormir la cantidad necesaria de horas, comenzamos a debilitarnos, a fallar en nuestras acciones y si seguimos sin respetar esta necesidad, finalmente redundamos en un deterioro generalizado de la salud.
 Si nos alejamos de ella, enfermamos físicamente. Si nos seguimos alejando, enfermamos psíquicamente.
Dos errores graves que los adultos cometen durante la crianza de sus hijos.
1 NO ATENDER LAS SEÑALES DEL BEBÉ.  
Hablando acerca de lo que un bebé necesita, desde el punto de vista de la fisiología, es contacto permanente con el cuerpo de su madre, lactancia a respuesta, atención personalizada (por ejemplo durante el cambio de pañal, no hacerlo de manera mecánica ni estandarizada, sino contándole al bebé qué se le está realizando en su cuerpo). Todas estas satisfacciones lo convertirán en un ser seguro, porque las respuestas que obtiene de su entorno le confirman lo que estuvo sintiendo. Un bebé que llora por el motivo que sea (hambre, sueño, miedo) y no es atendido, comienza a confundir sus propias sensaciones, con válidas o no válidas. Porque si fuesen válidas, serían atendidas, ¿verdad? Y entonces si nadie se ocupa de ellas, es que lo que le ocurre no es importante, o no es correcto que le ocurra. Con el tiempo, el bebé aprende a no emitir señales de disconfort. Este patrón de “no pedir”, de sumisión ante el disconfort, ya está formateado en su cerebro y a menos que en su vida consciente pueda observar que se trata de un aprendizaje forzado, pero antifisiológico, y por lo tanto trabajar para revertirlo, esta persona estará en realidad preparada para someterse a las decisiones de otras personas, por más caro que sea el precio a pagar por esta sumisión.
No atender las necesidades del bebé conlleva a consecuencias gravísimas, muchos autores se han ocupado de describirlas, sólo he apenas esbozado con ligereza un tema que ha sido descripto en volúmenes enteros.


2 LA ESTIMULACIÓN
Este punto es muy extenso y aparentemente muy controversial. Sugiero que se lo lea con detenimiento para no perder detalle, porque será muy necesario tener claros los argumentos para poder esclarecer la posición tomada al respecto.
Creer que el bebé necesita ser estimulado para desarrollar su potencial es la idea que más difusión tiene hasta el día de hoy. Ya sabemos que dejar llorar a un niño es nocivo para su cerebro. Hay estudios que lo confirman. Incluso datos duros, imágenes cerebrales de niños expuestos al llanto y sufrimiento que demuestran que su cerebro tiene un desarrollo más pobre que aquel niño que conoce las respuestas adecuadas a sus necesidades. Pero sobre la estimulación, no hay mucho desarrollado aún, o al menos que esté masivamente difundido. En todas las carreras enfocadas a los tratamientos de personas de cualquier edad con algún déficit, la orientación siempre es a la estimulación. Soy Musicoterapeuta y doy fe de ello. Las profesionales formadas (y formateadas)  en otras carreras análogas (terapia ocupacional, estimulación temprana) dan cuenta de este enfoque. “El niño tiene que“es el mandato silencioso que tienen en su cabeza todo el tiempo. Considero necesario definir a qué llamo “estimulación”. Es una experiencia artificial, no creada por el niño, pero sí para él, destinada generar una respuesta que satisfaga al adulto o a las expectativas que el adulto tiene de determinado niño o de un grupo. Se basa en los resultados a los que un niño llega, o a niveles evolutivos esperables (estimular a un niño a realizar determinado movimiento con alguna parte de su cuerpo, el ejemplo más común es colocar el niño boca abajo para que levante la cabeza y “fortalezca” la musculatura paravertebral cervical), procurando anticiparse a lo que sabe que ocurrirá espontáneamente, y desarrollando una técnica que supuestamente provocará dicho resultado.
 Someter a un niño tanto a sesiones de estimulación como a experiencias estimulatorias lo lleva a creer que no puede lograr nada por sí mismo. Formatea su cerebro en el modo “necesito ayuda”*, yo solo no sé /no puedo/no se me ocurre/no soy capaz.
* Esta combinación con la anterior “cuando necesito ayuda no la obtengo” puede ser catastrófica para el niño, porque lo lleva a un estado de indefensión y sometimientos muy profundos. En definitiva, el adulto lo “ayudará” cuando crea conveniente.
El niño pierde toda libertad de acción y creación. Su mirada queda enfocada hacia el adulto, como pidiendo permiso o preguntando si así “está bien”, está haciendo lo que se esperaba de él.
¿Qué más se pierde? La espontaneidad, la curiosidad, la riqueza de aprendizaje, el orden genuino y la manera en el que el desarrollo iba a ocurrir.
¿Qué se obtiene?
·         Una relación estímulo – respuesta. El niño responde siempre y cuando exista el estímulo. Pero cuando este no existe, ¿qué hace entonces el niño? En el mejor de los casos, pide. En el peor, espera.
·         Pobreza de acciones y de iniciativa: el niño sólo aprendió a ejecutar aquello para lo que se lo ha entrenado. A veces voy a las plazas (a sufrir, sinceramente) y observo a los niños jugar y a sus acompañantes. Muchas veces son sus madres, algunas ocasiones su padres, algunos abuelos y personal doméstico, niñeras, etc. La escena del niño que pierde el equilibrio, cae al suelo, queda inmóvil (ni siquiera atina a intentar levantarse) el adulto se acerca y lo pone de pie como si se tratara de un maniquí, se ha repetido delante de mis ojos con todos los adultos que he mencionado. El patrón instalado es grave: no sabemos si no sabe ponerse de pie, o si no cree que puede hacerlo, o si cree que no le está permitido.
·         Limitación de movilidad. Dos ejemplos:
1.       El gateo es parte indispensable del desarrollo de la motricidad. Es precursor de la marcha en la coordinación y en la gestión del equilibrio. Los niños que son puestos en posición sentada por parte de los adultos no aprenden a salir de dicha posición, porque no construyeron la llegada, no pueden deconstruir la salida. Muchas veces como consecuencia no llegan a desarrollar el gateo. A veces logran desplazarse dando saltitos con el trasero. Otras ni siquiera lo intentan. El adulto determinó que debía quedarse en ese lugar con sus juguetes, y allí queda, a veces horas. O llora.
2.       La colocación en decúbito ventral, desde ahora DV(panza abajo) para que eleve la cabeza y ejercite la musculatura del cuello. El bebé, si es colocado de espaldas, logrará dominar la rotación de su cabeza y el precario equilibrio que implica mantener alineada su columna en sus diferentes segmentos (cabeza, cervicales, dorsales lumbares y sacro-pelvis) antes de animarse a cambiar de posición en el espacio. Luego va tanteando colocarse de costado hasta que finalmente logra colocarse por sí mismo en DV. Para lograrlo, ha elevado sus piernas millones de veces, a tonificado su musculatura abdominal, ha integrado todo su cuerpo en el movimiento. Cuando llega por sí mismo a la posición boca abajo, domina muchas posiciones intermediarias y hace todo de manera voluntaria y electiva. En cambio si es colocado de muy pequeño en DV , el bebé se ve forzado a levantar la cabeza repetidas veces porque la posición resulta muy incómoda (muchos bebés suelen llorar cuando el adulto los coloca en esa posición) interfiere con la respiración, y el movimiento, lejos de ser voluntario, es REFLEJO y defensivo. Lo hace porque no puede hacer otra cosa, pero tampoco puede seguir así. Dicha ejercitación disocia además el funcionamiento de las cadenas musculares. El bebé no integra el movimiento con toda la musculatura paravertebral, porque aún no la “ha conectado” a su conciencia y sus sistema nervioso aún no se ha mielinizado como para lograr dicha conexión. Provoca distensión abdominal (recordar que el bebé necesita abdominales tonificados para lograr sentarse), por lo que finalmente esta posición termina por obstaculizar el desarrollo de la motricidad: el bebé no se sentará, lo sentarán, no gateará, tendrá un equilibrio precario, lo pondrán de pie, lo obligarán a caminar, porque no hace nada por sí mismo y “necesita estimulación”.
BEBÉ QUE HA SIDO COLOCADO EN DV SIENDO DEMASIADO PEQUEÑO. PADECE EL PESO DE SU CABEZA.




BEBE QUE ESTÁ APRENDIENDO A GIRAR SOBRE SI MISMO DE MANERA AUTÓNOMA. OBSERVAR TODO SU CUERPO INTEGRADO AL MOVIMIENTO Y A LA POSTURA





BEBÉ QUE HA LOGRADO DARSE VUELTA POR SÍ MISMO





Finalmente el niño termina haciendo todo, caminar, etc., (recordar, la fisiología es inevitable) y el adulto, en su mala lectura, cree que fue gracias a su intervención.
No ve que la pérdida de la iniciativa lo convierte en esclavo de sus intervenciones, porque el niño pide y demanda que se ocupen de él, porque ha perdido la oportunidad de conocerse y hacer lo que le gusta.
Este tipo de experiencias forma parte de los factores que generan a un niño con poca capacidad para gestionar su frustración, con enorme sensibilidad, que estalla en llanto “de la nada”, que siempre está enojado o con el ceño fruncido, y con predisposición a la violencia.
La frustración es precursora de estas situaciones y un niño cuya fisiología del desarrollo ha sido sistemáticamente frustrada, padece de un desajuste biológico, y también emocional, como describí al principio del artículo.

¿Entonces?
Por último, no estimular no es abandonar. Ni tampoco dejar que haga  lo que quiera. Es acompañar. Estar junto a mientras hace. Pero no hacer-le (sentarlo, rodarlo, etc.). Si el niño no sabe que existe la postura a la que algún día llegará, tampoco tiene la ansiedad por alcanzarla. Disfruta de su aquí y ahora, porque eso es su máximo en este momento. Se permite posarse y transitar su camino con total placer y tiempo para conocerse y conocer el mundo que lo rodea.
El adulto es el responsable de brindar un entorno seguro, vestimenta adecuada, que no limite los movimientos y permita éxito total en su autoexploración, y la del entorno. Mostrará el encuadre, cuál es su espacio destinado a su actividad, con qué elementos podrá experimentar, qué se puede hacer y qué no. Son los niños que llegan a un lugar y observan absolutamente todo el espacio antes de decidir qué hacer. No tienen apuro por abalanzarse, más bien todo lo contrario. Evalúan muy bien dónde están, con quiénes, qué pueden hacer  y con qué. No es desconfianza, es prudencia. Son cuidadosos de sí mismos y de los otros niños. No molestan, y tampoco permiten que los demás lo hagan.
Incluso, respecto de las situaciones de prematuridad, síndrome de down, hipotonía, etc. (diagnósticos ante los cuales hay una indicación casi directa e inmediata de estimulación), tiendo a ver a ese niño como perfecto tal cual es, (no necesita alanzar un ideal) y a observarlo respetuosamente para determinar si realmente es necesaria o no, una intervención. La indicación de intervención debe ser sumamente cuidadosa y destinada a afinar sus habilidades, para ayudarlo a estar más conforme con sus propios resultados. Por lo pronto, deberán ser realizados a un niño que sea consciente de sí mismo, y que él pueda administrar cuánto, cuándo y qué, con el objetivo permanente de que siempre se sienta dueño de su destino.

A veces me pregunto para qué existen tantos cursos de desarrollo personal. He formado parte de algunos, y la mayoría de las personas que participaban, expresaban disfunciones profundas, hablaban de su infancia y de las enormes limitaciones que padecieron por parte de sus adultos. Como para pensarlo.


Ejercicio: comparto diferentes ejemplos de actividad autónoma y actividad dirigida.
Observarlos y preguntarse cuál genera sensación d comodidad y placer, o frustración y malestar. Bien, ahora imaginar lo que podría producir en el propio niño.
 4 horas de juego en 5 minutos un bebé hace de todo, sin intervenciones del adulto.
un encuentro de juego libre niños que se organizan en el juego de manera autónoma

lunes, 4 de abril de 2016

La Suegra Buena Onda y la Suegra Infumable. Por Melina Bronfman (Futura suegra) Pd, aplica a la propia madre.





Cuando las mujeres nos convertimos en madres, muchas veces ingresamos sin saber en la carrera de desafíos más increíble, interminable y estresante de nuestra vida. Eso solemos sentir, sobre todo los primeros meses, en los que recién conocemos un bebé, que además es recién nacido (fragilidad total, llanto  desgarrador, nosotras re verdes en el tema, etc.). Convengamos: es la peor combinación! Porque si te toca bebé inexperto (hace poco que es bebé) y mamá experta, todo bien. O bebé experto, y mamá inexperta (podría ser cuando una amiga se ofrece a cuidarnos nuestro retoño para que por ejemplo hagamos un trámite ineludible), el bebé la pasa mal, pero la amiga si le pone onda enseguida entiende sus mensajes. El niño ya sabe lo que necesita, sabe comunicarlo insistentemente hasta obtener la satisfacción que necesita.
Pero con bebé inexperto y mamá inexperta, se ha formado una pareja del caos, y del que se sale únicamente con 1, información válida, 2, tiempo y 3, confianza.Este dúo, del que el papá en principio es un espectador, muchas veces proactivo (porque sabe qué necesitan su hija/o y su compañera, y lo provee) y muchas otras pasivo o reactivo (porque no sabe qué cornos hacer, recordar el ítem *información válida). Muchas otras no es siquiera un espectador, porque ya tuvo que reincorporarse al trabajo, y entonces se deben poner en marcha los mecanismos de ayuda logística para ese dúo.

Durante el periodo de aprendizaje la joven madre necesita ayuda para sobrevivir. comer, dormir, vestirse, ir al baño pasan a ser acciones que no siempre logra llevar a cabo del todo exitosamente, y para colmo, el no lograr hacerlo, puede convertirla ser blanco de críticas por parte de quienes la rodean.
Nadie duda de que quizás (y muy desacertadamente) lo hagan con la mejor de las intenciones (¿existe la  persona que quiera ser "mala algo"? ( mala madre, mala amiga, mal padre, mal jefe, etc). Esto no quita que la joven madre se sienta terrible, se entristezca o se violente ya sea contra su entorno, o a veces lamentablemente contra su propio bebé, porque es "quien la está poniendo en esta encrucijada".

 Abuela materna, abuela paterna. Tías. Amigas. Personal contratado. Todas deben estar al servicio de la madre, porque estamos ante la necesidad de cumplimiento de la Ley Nr 1 del puerperio.

Ley nr 1 del puerperio: Una madre reciente necesita que alguien se ocupe de ella para que ella pueda ocuparse de su bebé. La comida, la limpieza básica de la casa, las compras, la ropa. No se hacen solas, son casi imprescindibles para la cotidianeidad. Alguien tiene que hacerlo o al menos ayudar.
Las que suelen responder con más frecuencia, porque además son protagonistas secundarias o de reparto del evento, son las madres y las suegras. De paso, quieren estar con su nieto nieta. A veces es al revés. Como excusa para estar con su nieto o nieta, van a la casa de su hijo o hija diciendo que van a dar una mano. No importa. Lo que importa es lo que ocurre de verdad.


LA SUEGRA BUENA ONDA
LA SUEGRA INFUMABLE
AYUDA EN TODO LO QUE PUEDE
COMENTA O CRITICA TODO LO QUE HACES
PLANCHA LA ROPA
QUIERE TENER AL BEBÉ PARA QUE PLANCHES
TE LLEVA COMIDA, Y LAVA LOS PLATOS Y ORDENA LA COCINA
SE COME TU COMIDA Y TE DEJA LOS PLATOS SUCIOS
TE LLEVA COMIDA QUE PODÉS COMER
LLEVA O PIDE PIZZA, EMPANADAS O FACTURAS CON MUCHO DULCE DE LECHE Y CREMA PASTELERA
CUANDO TU BEBÉ LLORA SE QUEDA EN UN RINCÓN, EN SILENCIO,ESPERANDO EVENTUALES INSTRUCCIONES O PEDIDOS
CUANDO TU BEBÉ LLORA, TE PREGUNTA SI TU LECHE DE VERDAD SERÁ BUENA PARA ÉL, SI NO SERÁ MUCHA O POCA, Y CUESTIONA TODAS TUS ACCIONES.
SE SOLIDARIZA CON VOS, TE CUENTA CÓMO LO VIVIÓ ELLA
DESCONOCE LO QUE TE OCURRE, NIEGA TUS EMOCIONES
HABLA POCO Y HACE MUCHO
HABLA MUCHO Y NO HACE NADA
PIDE PERMISO PARA TOMAR AL BEBÉ
TE LO ARRANCA DE LOS BRAZOS
TE PREGUNTA CÓMO LO TOMÁS, CAMBIÁS, IMITA TUS MOVIMIENTOS PARA QUE TU BEBÉ NO SUFRA EL CAMBIO DE MANOS
PROCURA IMPONER LO QUE ELLA SABE Y NO LE INTERESA APRENDER. COMO TU BEBÉ SUELE LLORAR APENAS LO TOMA, TE LO DEVUELVE COMENTANDO QUE “LO ESTÁS HACIENDO MUY MAMERO”
LLEGA A TU CASA EN PUNTILLAS DE PIE, SI TU BEBÉ DUERME TE AYUDA CON ALGÚN QUEHACER PENDIENTE (QUE SIEMPRE HAY MILES)
LLEGA A TU CASA CON ESTRUENDOS DE PAQUETES, BOLSAS Y REGALOS. SI TU BEBÉ ESTÁ DURMIENDO LO DESPIERTA “ACCIDENTALMENTE”, Y COMO LLORA Y SOLO SE CALMA CON TETA TE CRITICA POR HACERLO MUY “MAMERO”
TE HACE SENTIR QUE HACES LAS COSAS BIEN. SU PRESENCIA TE ALIVIA.
TE HACE SENTIR QUE SOS MALA MADRE. SU PRESENCIA TE FRUSTRA Y ESTRESA.

Se supone que es el momento más trascendental de nuestra vida. Pero en vez de vivirlo bien, muchas familias se distancian, intercambian críticas veladas o explícitas. Algunos dejan de hablarse. Los abuelos se ofenden. ¿Por qué sucede esto? Por las diferencias transgeneracionales, o diferencias de paradigmas en la crianza. Aún hoy, con toda la evidencia científica a favor, están arraigados los conceptos de que “tanto” amor les va a hacer mal, que hay que frustrar y hacer llorar a los bebés, que tienen que curtirse para afrontar los momentos duros de la vida, y hacen dudar o cuanto menos hacer sentir mal a los padres y madres que se entregan incondicionalmente a amar a sus hijitos.
Cuando esto sucede, lo ideal sería poder subsanar las diferencias, porque si no, TODOS SALEN PERDIENDO.

Errores comunes de las suegras “infumables”:

  • ·         Subestimar la capacidad de sus hijos de aprender a ser madres o padres
  • ·         Creer que si no lo hacen como ellas (las suegras) creen que debe hacerse, ellos (su hijo y nuera) lo están haciendo MAL
  • ·         No cuestionarse si es que en realidad fueron ellos los que no tuvieron la información adecuada
  • ·         Priorizar su necesidad de ser tenidos en cuenta a la necesidad de la joven madre de ser ayudada.


Soluciones para dejar de ser suegra (o madre, amiga o tía) infumable:
·        

  •       Aceptar las diferencias de criterios. Por encima de cualquier desacuerdo debe existir el RESPETO.
  • ·         Aceptar que tu momento de criar ya ocurrió. Este es el momento de acompañar las decisiones tomadas por los hijos.
  • ·         Hacer el duelo: si descubriste que “hiciste todo mal”, que fuiste mal asesorada, que te perdiste horas, días, meses y años de mimos con tu hijo o hija, no vas a “desquitarte” con tu nieta/o. Este es su momento con su mamá y su papá, y es importante ayudar a que esta vez sí ocurra.
  • ·         Sincerarse con el ego: no vas a ser peor abuela si admitís que no entendés qué hace tu nuera. A lo mejor es una bella oportunidad para acercarse y emocionarse juntas. Dejar de competir y formar equipo.


Conclusión:
Si sos la suegra, lo mejor que podes hacer es aflojarte y acompañar el proceso.
Si sos la nuera, pedirle sincera y claramente la ayuda que necesitás, y aceptar que si no puede, no hay problemas, pero que por favor no te haga sentir mal con sus comentarios, no tenés energía para defenderte o discutirle.
Creo que una buena dosis de verdad acerca las emociones y permite un recorrido del proceso aceptando los roles, pero también posibilitando el sentir que se es nuevamente manada.

Ojalá puedan. 

viernes, 25 de marzo de 2016

La envidia del pene…¿O la envidia de la teta?


Como acompañadora de procesos fisiológicos en el desarrollo, tengo el privilegio de conocer decenas de mujeres y varones que se estrenan en la materpaternidad.
El viaje es largo. El desarrollo de un ser humano en su etapa inicial abarca los primeros 7 años de vida como fundantes de sus patrones emocionales, cognitivos, lingüísticos, corporales, de salud, vinculares, e incluso en otras dimensiones que no todos los consideran válidos (espirituales).
Este viaje, el bebé-niño no lo comienza solo. Despega de su madre. El despegue debe ser oportuno. Si lo hizo antes de estar listo, continuando la metáfora, quizás no pueda volar muy alto, o necesite hacer varios aterrizajes de emergencia, quizás a lo largo de toda su vida.
Parte del viaje, gran sustento del mismo, (y parte de lo que llamamos apego fisiológico) es la experiencia de la lactancia. Ser amamantado, más allá del primero año, del segundo, del tercero, del cuarto.
La edad fisiológica del destete y desleche humano está promediando los 6 años de vida (entre 5 a 7), práctica que en occidente es casi desconocida, aunque satisfaga (como todo evento fisiológico) los más altos estándares de salud. http://m.bebesymas.com/lactancia/la-edad-natural-del-destete-va-de-los-2-anos-y-medio-a-los-7-anos-entrevista-a-la-antropologa-kathy-dettwyler .
Sin embargo, como la mayoría de la población occidental desconoce este dato, suelen rechazar a las pocas, pero cada vez más mujeres que se informan y deciden extender la lactancia más allá de los dos años (fecha límite de fantasía, porque la OMS recomienda amamantar como mínimo dos años, y ponerle fin cuando madre y niño lo decidan).
Una mujer puede decidir amamantar a largo plazo por varias razones, algunas de ellas pueden ser estas:
·         Sabe que es lo mejor de lo mejor. Lo que se considera Premium en el paradigma industrial.
·         Es gratis. Comparando con el dinero que tendría que gastar en comprar alimento para su hijo, son X años de alimento (Premium) gratis.
·         Es práctico. Para estas madres, amamantar es muy fácil (comparando con una mujer que no lo haga, independientemente de las razones): saca una teta y la leche está lista.
·         Es placentero. Para ambos.
·         Sabe que protege inmunológicamente a su hijo cada vez que lo amamanta. (Es curioso porque algunas estrategias de márketing le adscriben estas propiedades a los productos lácteos industrializados, cosa que es absolutamente falsa).
·         Sabe que es saludable para ella. Cuantos más años de amamantamiento, menos riesgos de desarrollar cáncer de mama (El riesgo se reduce en 4,3% por cada 12 meses de lactancia). https://www.aecc.es/SOBREELCANCER/CANCERPORLOCALIZACION/CANCERMAMA/PREVENCION/Paginas/factoresderiesgo.aspx
Por lo tanto, una vez informada la mujer, y decidida, aparentemente no tendría más que entregarse al proceso. Sin embargo, no es así. La mujer que decide amamantar, se enfrenta a una legión de adultos desinformados que no hacen más que criticarla y hostilizarla por haber simplemente elegido otras prácticas de crianza, incluida la lactancia.
Para la madre, esta circunstancia es muy desafortunada, porque su círculo íntimo (familia cercana y amigos) deberían ayudarla a sostener sus elecciones, o como mínimo, respetarla y no boicotearla.
Muchas mujeres atónitas por la falta de empatía de su entorno, en el intento de generar el apoyo que necesitan por su parte, procuran explicar sus decisiones explicando y fundamentando con información válida sus acciones (lo que no significa que su entorno esté eufórico de deseo de aprender), colocándolas en una posición muy agotadora, de justificación, cuando ellas solo necesitan ayuda, o al menos respeto por sus decisiones.
Ahora bien, ¿qué ocurre con el entorno, que es incapaz de observarse, de controlarse en sus opiniones, de verse generador de stress, de incomodidad, quebrando la confianza que todo vínculo necesita para florecer y crecer?
Es notable quienes se suelen escandalizar ante la visión de una niña o niño siendo amamantado, son personas que por lo general no tuvieron esa experiencia, ni tampoco acceso a la información de manera oportuna.
Sin embargo, creo que no es todo. Muchas veces hemos visto a alguien desempeñarse de manera opuesta a nuestras expectativas y sin embargo no explotar, ni tomárselo de manera personal, tal como vemos las reacciones en lo que respecta a la práctica del amamantamiento.
Pareciera que realmente se lo tomaran a modo personal. Casi como un cuestionamiento a su propia vida, a su propia historia.
Si no amamantaron de esa manera, se sienten cuestionadas. Como si subyaciera esta conversación “Vos y yo hacemos cosas diferentes. Alguien lo hace mal. Yo, no”. Si no fueron amamantados/as, el sentimiento es quizás un poco más doloroso. “Yo no tuve eso. ¿Por qué él/ella sí??”
Este es el punto de la verdad, el de la herida histórica. El amor duele, cuando no lo tuvimos.
No obstante, creo que cuando la mujer que se siente hostilizada es capaz de verlo, ya no siente ser la legítima destinataria del mensaje.
Puede emocionalmente abrazar ese dolor y seguir en su tarea de, justamente no generarlo en su cría.
Cuando Freud formuló su teoría de la envidia el pene, lo hizo probablemente desde una mirada totalmente falocéntrica, y considerando que el pene y la experiencia de ostentarlo era lo más regulador del mundo.

Sin embargo, a la vista de las reacciones más insólitas ante la simple imagen de una madre dedicándole su cuerpo, su tiempo y su amor a su cría, se desprende la duda de si no habrá acaso otro tipo de envidia, más primal, más legítima, que es la de desear aquello que se necesitó y por algún motivo, (lamentablemente, muchas veces cultural) no se tuvo.
En definitiva: la envidia del apego, o el dolor de no haberlo vivido.



sábado, 12 de marzo de 2016

Aprendizajes de un difícil encuentro de crianza



Hace unos días coordiné como tantísimas veces en mi labor profesional, un encuentro de crianza para madres y padres, al que normalmente vienen con sus hijos.

¿Qué es un encuentro de crianza? Es un espacio compartido de padres e hijos. Los hijos están presentes por dos motivos principales: los padres trabajan gran parte del día y no quieren sacrificar más horas de ausencia. Los padres concurren para chequear datos, dudas acerca de la crianza de sus hijos, por una sencilla razón. Los paradigmas de la crianza están cambiando y no suelen tener referentes en su propio entorno, por lo que vienen a verificar si lo que están haciendo es lo adecuado, o si su hijo tiene un comportamiento agresivo o disfuncional (sueño, alimentación, control de esfínteres, etc.) cómo interpretarlo, y ayudarlo.
Normalmente hago una convocatoria al mes en mi sala. Hago dos turnos, uno para bebés de hasta el primer año, y otro para bebés y niños del 2do y 3er año de vida, ya que sus necesidades son muy diferentes, dado sus momentos evolutivos. Hay lugar para hasta 12 niños, que vienen con la mamá, y muchas veces se suma el papá.
En los grupos del primer año de vida, es interesante que venga el papá, porque muchas veces la transmisora del tipo de crianza es la mamá, y es bastante común que se quede sola, sin apoyo, incluso a veces por parte de su propio compañero.
Así es más común que fracasen las lactancias (o que cuesten muchísimo), o se perturbe el desarrollo del niño, porque cada uno quiere “hacer como quiere” sin tener en cuenta de que el receptor de dos ideas diferentes y de dos procederes diferentes es un mismo niño. Una, acude ante el mínimo malestar del niño. El otro prefiere “que llore, así aprende que la vida no es como le estás haciendo creer”. Una, prefirere colechar, mientras que el otro siente (o su entorno le hace sentir) que “la pareja se pierde”. La madre suele ser criticada por sus elecciones, y también el padre, al “permitir” que ella haga lo que quiera.
El niño suele sentirse más cómodo con uno de los dos estilos, y termina rechazando al implementador del otro. Entonces se la acusa a la madre de aislar al padre, de “echarlo”, de no compartir la crianza, cuando la mamá, está solo protegiendo a su bebé y procurando darle lo que su hijo necesita para estar tranquilo y seguro. O al revés en el caso de que el empático con el niño sea el papá.
Cuando ambos participan de un encuentro de crianza, los dos por igual reciben la información acerca de los motivos por los que el niño necesita lo que necesita, y lo saludable que resulta poder satisfacerlo. A menudo es más fácil que se pongan de acuerdo. Muchas veces los adultos necesitan hacer el duelo de su propia experiencia de crianza. Que resulta que no fue tannn buena como quisieron creer. Y es importante recalcar que a su vez sus padres hicieron lo que en ese momento creían que era lo mejor. Aunque en realidad no era lo mejor.
Los encuentros del 2do año de vida en adelante, son bastante más complejos. En el primer año de vida, nos ocupamos de los adultos, para que puedan setearse de acuerdo a las necesidades del niño. En el segundo grupo, recibimos a niños que ya han sido criados, al menos por un año. Ya desarrollaron un sistema de confianza o de defensa. Ya tienen una acumulación de experiencias que habilitan gestos amorosos o agresivos.

La ecuación más común es  que la frustración de sus necesidades básicas de contacto, lactancia, seguridad, etc, derivan en violencia. Entonces cuando los padres vienen a “quejarse” o a lamentarse de que su hijo está agresivo, pega o muerde, la tarea consiste en hacerles ver que eso no es más que un resultado de lo que los niños estuvieron viviendo.
Hace más de 10 años que coordino encuentros de crianza. Sin embargo, lo que sucedió el viernes pasado nunca había ocurrido antes.
El nivel de agresividad entre los niños que concurrieron era altísimo. No todos, pero sí los suficientes como para convertir la sala en una batalla campal.
Muchos padres atónitos (yo también) y sumamente desconcertados, porque se suponía que venían a un lugar en donde iban a aprender algo sobre sus hijos. No se pudo. No se pudo casi comenzar, que una madre declaró que no se sentía cómoda y prefería retirarse. Elegía proteger a su hijo antes de quedarse a escuchar algo que pudiera ayudarla. Le dije que entendía perfectamente su elección y que estaba de acuerdo. En ese momento todavía (ilusa yo!) creía que podría revertir la situación.
Imposible. Los padres de los “revoltosos” eran los que menos intervenían, porque eran los que desesperadamente habían venido a escuchar una “solución salvadora”.
Son los que han recibido millones de críticas, por “no ponerle límites a sus hijos”, cuando ellos creen que no hacen otra cosa. Sus hijos se parecen al demonio de Tasmania, y sólo les queda atarlos. Todo lo demás ya lo han probado.
El caos de intervenir cada 2 minutos para evitar un golpe a otro niño, o consolar a aquél que ya lo había recibido hizo que en un momento me iluminara (por fin!) y decidiera suspender el encuentro, no sin antes remarcar, que los niños no tenían la culpa de nada. Ellos solo estaban transmitiendo un mensaje, a gritos, que los adultos aun no podían decodificar.

Les pedí que por favor antes de irse, que reflexionaran acerca de lo que todos estábamos viviendo. Que este encuentro no debía caer en la nada, había una lección muy importante para tomar. Indispensable.
Es claro que nadie hace las cosas mal a propósito, nadie quiere ser mala madre, mal padre, mal profesional. Todos deseamos desarrollar nuestro potencial al máximo posible. No es cuestión de señalar “fuiste mala madre”. Jamás. Pero sí, de preguntarse ¿Cómo fue que aprendiste a maternar así? ¿Cómo fuiste maternada? Idem con el papá.
¿Cuántos baches tenemos en nuestra historia, cuánto daño tiene nuestro niño interior, que nos impide conectarnos con el niño que hemos engendrado, gestado, parido y ahora estamos criando?
Se fueron y quedé desolada. Preocupadísima. Es como si viviéramos hoy las advertencias del cambio climático. La Antártida se derritió hoy. La violencia apareció hoy. En niños de tan sólo 2 años.
Es urgente revisar nuestra historia, revisar qué hicimos con nuestros hijos, SANAR lo que no fue, disculparnos, pedir disculpas. Y por favor, generar otra civilización. De esta, ya no podemos esperar nada.

Los niños no pueden más.

sábado, 26 de diciembre de 2015

Cuando Fue Cesárea, a pesar de todo.

Este es el testimonio de Florencia. Sólo sus palabras. Gracias Flor.
Durante mi primer embarazo me dediqué a convivir con las náuseas, los olores y la acidez, leía semana a semana cómo se desarrollaba la beba, cumplía rigurosamente las indicaciones del obstetra, y disfrutaba oír el latido de su corazón en cada ecografía. Pero poco leí sobre el parto y nunca pensé en reflexionar sobre mis deseos a la hora de parir. Elegí al obstetra por recomendación de una amiga, y asumí como normal el poco tiempo ofrecido en cada consulta y la falta de respuesta hacia mis inquietudes. Dos meses antes de la fecha probable de parto Agustina nace de manera prematura por una fisura de membranas. Nació por cesárea porque el médico estaba de viaje, y su reemplazo no quería correr riesgos, en palabras de la partera  “prefiero una cesárea más, a un bebé menos”.  Angustia, incertidumbre, ignorancia. Me sentí muy sola. Había sido madre por primera vez, y no había sido el momento más increíble de mi vida.
El embarazo de Julieta lo viví con terror a repetir la historia.  No sentí necesario cambiar de equipo médico, pero sí de ser más clara y más sincera. Quería un acompañamiento diferente, y deseaba vivir el parto en paz, disfrutando cada momento, y respetando los tiempos de nuestro bebé y de mi cuerpo. Durante la consulta de la semana 39, sin mi consentimiento el obstetra durante el tacto me realiza una maniobra para inducir el nacimiento (Hamilton). Grité de dolor, sangré, y fui a cesárea de nuevo. El motivo fue “inminencia de rotura uterina”, pero no debe haber sido tan urgente porque nació 48hs después cuándo el obstetra consiguió lugar en el quirófano. Por segunda vez, no me animé a discutir y confirmé la poca intención del médico en respetar nuestros tiempos. Julieta todavía no estaba lista para nacer. Siempre me consideré una mujer inteligente pero ¿cómo no pude prepararme mejor? Me llevó tiempo perdonarme.

La recuperación física de las cesáreas fue más rápida que la recuperación emocional. No conseguía sacudirme ese sentimiento de “tristeza”, de “responsabilidad”. Conversando con una amiga en el trabajo, lejos de minimizar mi dolor me sugirió registrarme en el foro ApoyoCesáreas de la Asociación El Parto es Nuestro. Inmediatamente comencé a participar activamente de los foros y descubrí la cantidad de mujeres a lo largo del mundo que sentían lo mismo que yo. ¡No era la única! Y si bien, no me alegraba saber que las cesáreas innecesarias eran moneda corriente, me sentía acompañada y aprendía muchísimo con cada intercambio.
La llegada de la doula.
Llegó en un momento “especial”, algunos meses después del nacimiento de Julieta, nuestra segunda hija. Este nacimiento tuvo un sabor agridulce, me sentía feliz por tener a nuestra pequeñita en brazos, pero su llegada al mundo no había sido cómo la había planeado. Y era la segunda vez que me pasaba…  Una tarde recibí un relato de parto que me impactó porque me sentí muy identificada. Su primer hijo había nacido por cesárea innecesaria cómo producto de una inducción fallida, y ella sentía que había sido “apurada”, “violentada” que el parto no había sido suyo, ni ella ni su bebé habían sido protagonistas. Otros (los médicos) habían tomado las decisiones. Y esta experiencia, de cara a su nuevo embarazo la había llevado a informarse, empoderarse, cambiar el equipo médico y a contar con una doula. ¿Una doula? Nunca había oído de ellas. Me quedó resonando. Empecé a investigar. Cuánto más leía, más me gustaba la idea. Me parecía fascinante pensar en mujeres acompañando mujeres, tejiendo redes,  sosteniéndose, compartiendo experiencias, aprendiendo juntas… El año pasado sentí la necesidad de entrar en este mundo, de convertirme en “factor multiplicador”, en utilizar mi experiencia para ayudar a otras mujeres a empoderarse, y entonces decidí formarme como doula. Y durante la formación conocí a Meli (Melina Bronfman) y enseguida supe que sería nuestra doula.

El embarazo y nacimiento de Lucas fue un mundo de diferencia en comparación con el nacimiento de sus hermanas. Y esta diferencia radicó principalmente en cómo viví el embarazo y el parto. Melina y Julia nos acompañaron desde la palabra y el silencio, desde la mirada y el abrazo, nunca nos juzgaron, siempre tuvieron tiempo para nosotros, fueron incondicionales, nos ayudaron a reflexionar y ser muy conscientes a la hora de tomar las decisiones. Pude disfrutar, pude sentirme protagonista de mi parto, y pude vivir uno de los momentos más increíbles e inolvidables de mi vida. Soy muy consciente que no hubiera podido hacerlo sola. Citando a Michel Odent, “el valor de una doula radica fundamentalmente en lo que “es”, y no en lo que sabe o hace.”. La doula es madre y mujer. La doula acompaña y sostiene emocionalmente a la mamá que pare, y al padre que acompaña. La doula no ocupa un lugar protagónico en el escenario del embarazo, nacimiento, lactancia, puerperio y crianza, los claros protagonistas son el bebé y la mamá. Sin embargo, desde el lugar de cómo vivencian y experimentan estos procesos esa mamá (papá) y ese bebé, sí ocupa un lugar protagónico. Desde mi experiencia, contar con nuestras doulas, fue una de las mejores decisiones que tomamos.

Una doula entiende el embarazo y el parto como una experiencia única y trascendental en la vida de esa mamá y ese bebé. Por esta razón, brindará información para empoderar a la madre y conseguir un nacimiento de acuerdo a sus expectativas, y por el otro lado, será un apoyo emocional importantísimo para todo el grupo familiar
A principios de mayo confirmamos que seríamos padres nuevamente. Lucas estaba gestándose y con Matías (mi marido) habíamos decidido transitar este embarazo de manera diferente: con información y muy bien acompañados. Leímos libros, documentos y links sobre fisiología del embarazo y parto, cambiamos de equipo médico y decidimos contar con una doula. Esa misma semana me comunico con Meli y acordamos una primera entrevista. El encuentro consistió en presentamos, conversar sobre los nacimientos de nuestras hijas, los propios, y pasar en limpio las expectativas en relación a su acompañamiento. El tiempo voló. Salí con una sonrisa.
Durante los siguientes meses en cada encuentro nos dedicamos a conversar sobre cómo deseaba vivir el parto, dónde iba a nacer y con qué equipo médico queríamos recibir a Lucas. Teníamos claro que no queríamos protocolos ni intervenciones innecesarias, y para asegurarnos, elaboramos un plan de parto vaginal / cesárea para presentar al obstetra, la partera y el sanatorio. Por otro lado, Melina nos invitó a participar de un taller de cinco encuentros para parejas gestantes. Que se convirtió en una experiencia maravillosa porque no era el típico curso preparto donde la partera baja línea y una se dedica a escuchar y tratar de entender, al contrario, eran encuentros de parejas compartiendo información, tomando decisiones, acompañándose, y disfrutando la gestación de sus hijos. En este taller aprendimos técnicas y posturas para sobrellevar el final del embarazo y el parto, me conecté con mi cuerpo como nunca lo había hecho, y terminé de entender conceptos claves como “fisiología” y “regulación”. En este taller conocimos a Julia, doula que trabaja junto a Melina en los acompañamientos. Cada vez me sentía más feliz, por fin, había tomado las riendas de mi embarazo y mi parto.
Para agosto ya habíamos elegido el obstetra y sanatorio (Sanatorio de la Trinidad de Palermo). En uno de los primeros controles conversamos el plan de parto/cesárea. Lo leímos juntos y nos felicitó, estaba de acuerdo en prácticamente todo. En relación al acompañamiento de una doula, nos dijo que sus parteras lo eran y qué podíamos contar con ellas. Definitivamente no, con Meli y Julia habíamos construido una relación, nos conocían, yo me sentía muy acompañada y segura, para mí no era lo mismo, había un mundo de diferencia. Entendió mis razones y accedió a trabajar en conjunto con ellas. Los meses transcurrieron con mucha calma, nos juntábamos con Meli y Julia una vez por mes, pero manteníamos un contacto por chat diario. Por primera vez, me dediqué a disfrutar y conectar con nuestro bebé.
Llegó enero, nuestra FPP de parto era el 26. Durante estas semanas estuvimos muy conectadas. El 19, a las 4 am, le mando un mensaje a Meli “Fisuré bolsa, estoy expulsando el tapón, el líquido es claro. Lucas quiere nacer”. Envío el mensaje y automáticamente recibo la llamada de Meli, estaba pendiente, me encantó. Durante la conversación lloré mucho, estaba tan feliz de sentir contracciones por primera vez, trabajé mucho para devolverle el voto de confianza a mi cuerpo, y ahí estaba mostrándome que sabía perfectamente qué hacer. Acordamos seguir en contacto, habíamos planificado hacer gran parte del trabajo de parto en casa y trasladarnos a la institución con dilatación avanzada. Nos aconsejó intentar dormir un rato. A las 8 decidí levantarme para decorar la torta de mi hija mayor, ese día cumplía sus 7 años. Poco pude hacer, las contracciones eran llevaderas pero intensas. Llamé a mis papás para que buscaran a las nenas, y me comuniqué con Meli para pedirle que viniera. A partir de este momento, viví en mi casa un trabajo de parto que nunca voy a olvidar. Cada rincón quedó impregnado de recuerdos hermosos.
BAILANDO UN LENTO EN LA MADRUGADA
Disfruté sentir el paso de las horas sin presiones ni miedo ni angustia. Desde las 12 del mediodía, hasta las 9 de la mañana del martes 20, bailé en brazos de Meli y Mati al ritmo de las contracciones por momentos regulares, por momentos irregulares, dolorosas y no tanto. Entendí que no todo dolor es malo, y que hay dolores que merecen ser disfrutados. Meli ocupó un lugar clave: nos acompañó a los tres brindándonos seguridad, confianza. Siempre tuvo la palabra justa, el silencio necesario o el masaje perfecto para llevar mejor las contracciones. Pasé ese día recorriendo mi casa: de la ducha, al inodoro, del inodoro a la pelota, de la pelota al sillón.
LOS ITINERARIOS DE MI TRABAJO DE PARTO EN CASA
 Perdí la noción del tiempo. Llegó la noche, me senté en el sillón y me quedé dormida. Recuerdo despertarme por una contracción dolorosa, mirar el reloj (3 a.m.), girar la cabeza y encontrarme los ojos de Meli mirándome, sonriéndome, y preguntándome si necesitaba algo. Me sentía feliz. Para las 9 a.m. contactamos al obstetra, y cómo tenía una buena dinámica de parto decidimos trasladarnos a la clínica. Matías manejaba y Meli viajaba conmigo en el asiento de atrás. Llegamos a la institución, y continué mi trabajo de parto. Julia reemplazó a Meli que se fue a descansar.
SIGUIÓ MI TRABAJO DE PARTO EN LA CLÍNICA
Accedo al tacto, y el obstetra confirma 4-5 cm de dilatación, buena dinámica. Falta. Nos deja solos en la habitación, con la indicación de no ser molestados. Y así seguí dilatando. De 4, pasé a 7, y de 7 a 10, llevé las contracciones sin analgesia, sólo acompañada de miradas de confianza, abrazos y palabras de amor. 

Después de 9 horas de dilatación, sin sufrimiento fetal, Lucas seguía sin encajarse. Nuestro obstetra nos plantea la primera intervención. Su planteo fueron 3 escenarios: circular de cordón, cordón corto o posición de la cabeza del bebé. Para resolver continuar con el trabajo de parto, nos propone romper artificialmente la bolsa. En caso de cordón corto o circular, rompiendo la bolsa, Lucas bajaría, y apoyaría la cabeza para terminar de encajar y nacer. Nos tomamos un rato con Matías y Julia para pensar y decidir. Dimos el ok para la intervención. Al ser trasladada al quirófano, nos despedimos de Julia con un abrazo inmenso. Transité 4 horas más de trabajo de parto con bolsa rota, y Lucas siguió sin encajarse. En este momento, el obstetra asume que está mal ubicado, y bastó que me dijera “presentación de frente” para recordar el Libro Cesárea de Michel Odent, las indicaciones absolutas de cesárea. Esta era una. Y fue en este momento, donde agarré fuerte a Mati de la mano, y con lágrimas en los ojos, le dije que terminaría en cesárea. Por un momento, el mundo dejó de girar. Hablé con Lucas, y me entregué. Recordamos nuestro plan de cesárea con el obstetra y quedó claro que no se harían ninguna de las intervenciones innecesarias a Lucas, ni separación, ni mil cosas más. Y así, 48hs después, nació Lucas mediante una cesárea necesaria, acompañada y respetada.
El resto, fue maravilloso… Piel con piel, inicio de la lactancia desde el minuto 0, miradas profundas entre los tres… En el momento de nacer, bajaron las luces, hicieron silencio, y sólo nos escuchó a nosotros darle la bienvenida. Fue una cesárea totalmente diferente a las anteriores. Nuestro bebé nació el martes 20 de enero a las 22:50hs pesando 4,053 grs de belleza absoluta y el amor más puro. Al día siguiente Meli y Julia nos vinieron a visitar y a conocer a Lucas. Hablamos mucho, lloré un montón, y se llevaron la placenta para hacernos las impresiones (ver foto). El acompañamiento continuó en casa, en encuentros y por chat. Estoy eternamente agradecida con ellas.



FOTO DEL EQUIPO, IMPRESIÓN DE PLACENTA INCLUIDA.