(Escribo este artículo
con la intención de generar conciencia a mi alrededor de esta catástrofe de la
salud física y emocional de la que todos somos víctimas, en el inmediato, pero
también en el mediano y en el largo plazo. Quisiera que esto fuera visible para
mis amigos. Mis vecinos. Mi familia. Mis alumnos. Mis conocidos. Mis
desconocidos. Todos deberíamos saberlo, o al menos por lo menos sospecharlo.)
Imaginemos que recibes
una invitación para ir a visitar un país. Un país en el que nunca estuviste, y
del que no conoces ni siquiera el idioma. La visita es inevitable. Fuiste
convocada/o, y estás en ese compromiso. Te preparas para tu llegada. No tienes
mucha idea de cómo será, pero has recibido algunas ayudas. Sabes que ciertas
cosas deben ocurrir de cierta manera, y además…tendrás una guía. Ella, tu guía,
ya está lista para recibirte! Te espera con muchas ganas de conocerte y es en lo
único que piensa desde que se enteró de que vendrías.
¡Llegaste! Los sonidos
entran en tu cabeza, son ensordecedores, y las luces, muy brillantes, estás
desnuda/o y empapada/o, y también temblando por el frío y por las millones de
sensaciones que te invaden.
Necesitas respirar inmediatamente, y que tu guía aparezca YA para protegeerte, abrazarte, cubrirte y que te diga que ya estás acá, y que ya pasó lo peor. A partir de ahora ella te protegerá en este nuevo lugar, hasta que sientas que lo conoces y eres capaz de manejarte solo. Pero tu guía ¡¡no está!!
De repente desapareció. En realidad ella no,
vos fuiste tomado por un extraño que te llevó a un lugar desconocido. Gritas
que no, que te devuelvan con ella, ¡ese era el trato! Pero no, te apoyan en un lugar muy frío, (no conocías el frío!) te tocan, te
manipulan como un objeto inanimado, te sumergen en un líquido con un olor
indescifrable, te frotan, te clavan cosas en el cuerpo mientras gritas
desgarradoramente.
Pero nadie parece darse
cuenta, ni se inmutan, siguen haciendo lo que se supone que saben que deben
hacer, sin detenerse, sin hablarte, si siquiera mirarte. Entras en estado de
terror puro. No importa cuánto dura eso. Un segundo, un minuto, un día, es toda
tu vida en este nuevo lugar. Es la eternidad.
Súbitamente te llevan de nuevo con tu guía. Y ella te habla como si nada hubiera sucedido. Hola! Que bueno que estás aquí! Ven conmigo. Y tú estás tiritando, no sabes si de frío o de miedo o de ambas cosas. Pretenden que comas, cuando solo puedes llorar y gritar tu espanto.
Súbitamente te llevan de nuevo con tu guía. Y ella te habla como si nada hubiera sucedido. Hola! Que bueno que estás aquí! Ven conmigo. Y tú estás tiritando, no sabes si de frío o de miedo o de ambas cosas. Pretenden que comas, cuando solo puedes llorar y gritar tu espanto.
Desde que llegaste, no
toleras estar sola/o. Si tu guía se aparta un momento, te invade el terror de que
la pesadilla se repita. De hecho volvió a repetirse un par de veces al
principio, y por eso ya no confías en nadie ni en nada
Este fue tu recibimiento,
y nunca nadie te dijo “así no se debe tratar a nadie, eso que hicieron está
mal. No sabía que sería así, no pude evitarlo. Lamento desde el alma el daño
que te produjo esa experiencia, jamás tendría que haber sucedido.”
Y como nunca pudiste
comprender qué fue lo que sucedió, inconcebible comparado con lo que esperabas,
para ti este nuevo lugar, que además te mudaste para siempre, es un lugar
hostil en el que te has prometido, jamás vas a confiar.
Esto es lo que ocurre, salvo muy honrosas excepciones, en cada nacimiento.
¿Qué significa esto?
Cada persona que nace,
tiene una expectativa desde el punto de vista de su fisiología, de lo que su
organismo necesita y espera vivir. Durante la primera hora seguida inmediata al
nacimiento se ponen en marcha mecanismos biológicos especialísimos que permiten
al naciente una regulación (la tan mencionada homeostasis) fisiológica, pero a la vez se produce un
primer aprendizaje de cómo deben ser las experiencias subsiguientes. “Un formateo”,
la instalación de un primer programa que permite al bebe sobrevivir y
desarrollarse en las mayores condiciones de salud posibles.
Esta primera hora se
llama “la hora sagrada” “la hora del imprinting”, el apego inicial, descripta minuciosamente por
estudiosos y expertos en salud humana.
Esta primera hora tiene
como expectativa que el bebé (video) repte por el vientre de su madre, se frote con
ella para impregnarse de toda su microbiota (mundo bacteriano viviente primero
del canal vaginal y luego de su piel exterior), llegar la pezón, encontrarlo,
mamar el calostro que le dará entre muchas cosas, una protección inmunológica contra
los millones de microbios y agentes patógenos que se acaban de sembrar, pero
que la madre tiene colonizados y sus defensas se hallan en su calostro.
Además de este
maravilloso y único mecanismo de protección, el bebé si bien se ha estresado durante
su nacer,(ver video) ya está junto al organismo al que pertenecía desde adentro, pero
ahora desde afuera. Estaba preparado para esos segundos de stress fisiológico. Pero
nadie está preparado para esos minutos, horas o días de trauma emocional que
significa la separación cuando no hay motivo real. (Ver video)
Cada frustración de esta expectativa es una
desconfiguración sistemática de su sistema de regulación fisiológica, Y TAMBIÉN EMOCIONAL.
Todavía muchas personas
descreen que esto sea realmente relevante. Descalifican las afirmaciones que
dicen que las personas registramos TODO lo que nos sucede al nacer,
argumentando que no está desarrollado en el cerebro el sistema de la memoria.
Sin embargo, cuando les
preguntas a un niño de 2, 3 años, qué recuerda de cuando estaba dentro de la
panza, cuentan relatos increíbles…y genuinos.
Fundé y pertenezco a un grupo de Facebook llamado “Crianza Fisiológica” en el que hice esta pregunta en febrero de 2016 y cientos de respuestas apabullantes no pueden sino, al menos despertar la duda de que es posible es que registremos algo, porque los relatos se ajustan todos a los hechos.
Algunos de ellos:
_ Vos olías cosas
ricas.(la madre hacía aromaterapia).
_ Escuchaba bum bum bum
bum y yo bailaba adentro tuyo.
_ yo en el hospital
lloraba y lloraba". Yo sorprendida porque era tal cual, le pregunte por
que era que lloraba. Su respuesta: "yo en tu panza no lloraba, me reía!
Pero yo no quería estar en el hospital".
_ pichón, te acordás cuando estaba en la panza?
_ Siiiiiii!!
_Y qué hacías?
Y se tentó de la
risa largo rato hasta que le digo
_dale loquito contame algo! Qué te acordás de la panza?
Se acostó arriba
mío y mirándome a los ojos y en voz baja como quien cuenta un secreto me dijo
_iosoooo (rojo) to to to to to to to to (muy rítmico).
_ y te acordás cuando saliste de la panza?
Frunció el
entrecejo enojado con un gruñido, se bajó rápido de arriba mío y se acostó
lejos mío dándome la espalda, intenté tocarlo un par de veces y me sacó.
Tuvimos un embarazo espectaculaaaaar y un parto complicadísimo que terminó en
cesárea y separados al nacer más de un día
_ Hijo, te acordás del
día en que naciste?
_ Si, mami, pero no
quiero hablar de ese día tan feo.
_ Hijo, te acordás de
cuando naciste?
_, Si, me sacó el señor.
_ Y el señor, ¿era
bueno?
_ NO, me mató y me comió
(el obstetra lo besó ni bien nacido)
Algunos efectos de estos traumas (que no necesariamente significa que ocurran por este motivo).
Algunos efectos de estos traumas (que no necesariamente significa que ocurran por este motivo).
Llanto intenso y frecuente "sin motivo aparente".
Necesidad de presencia materna o paterna constante, intensa, cuerpo a cuerpo.
Necesidad de lactar como recién nacido a pesar de que han pasado meses o años del nacimiento.
Poco margen de frustración. Estallidos frecuentes y duraderos.
Nada le alcanza, nada calma al niño.
Desconfianza del entorno "no se queda con nadie".
Rechazo de los médicos (gran resistencia a la visita al pediatra).
Dificultades para dormirse. Sueño interrumpido por llanto, incluso durmiendo.
Dificultades en la escolarización, durante la adaptación. Todo es vivido como un posible abandono.
Tristeza crónica.
¿Cómo podemos ayudar a
sanar?
Recibo infinidad de consultas por parte de madres y padres preocupados porque
sus hijos muestran un desorden en sus reacciones que los dejan prácticamente
sin recursos para ayudarlos. Reacciones, tan intensas como inesperadas, "berrinches" que no son una simple zapateada, o una boca curva hacia abajo. Se parecen más bien a un paroxístico ataque de nervios, con reacciones agresivas y totalmente fuera de control.
Mi norma no es preguntar qué fue lo que lo desreguló la última vez (normalmente el motivo de consulta) sino la primera, es es decir qué pasó al nacer. Y siempre se confirma: al nacer hubo separación, revisación de rutina (que para el bebe es violenta) el bebé lloró muchísimo, y nunca, al reunirse, hablaron de lo que NO tendría que haber sucedido, y menos aún de lo que SÍ.
Mi norma es en principio, restaurar esa herida de nacimiento. Validar las emociones sembradas en ese momento. Es como decirle al niño “ya no necesitas emitir señales tan intensas, ya hemos entendido que nunca hablamos del terror que atravesaste”.
Y reparar con palabras y
gestos. Ayudar a que se inscriba en su cuerpo Video: Joaquín juega a nacer. Las palabras deberían ser exactamente aquellas que sabemos que necesitaríamos escuchar para reparar una
falta que nos ha dañado horriblemente. Con honestidad, sinceridad, sintiendo
realmente la pena y arrepentimiento que sentimos al haber fallado, al no haber
podido estar ahí como él no necesitaba. También es importante que el niño sepa
que fallamos, no porque quisimos fallarle, sino que algo (el sistema de
“salud”) o alguien nos los impidió.
Un niño de 5 años, incrédulo,
mientras conversaba con su mamá sobre su innecesaria separación de 3 días (“por
protocolo”, por nacer en semana 37, con signos vitales perfectos), deducía en
voz alta “¡entonces vos sí querías estar conmigo! ¡Entonces eran ellos los que
no te dejaron! ¡Qué malos!!!”
Por último, aporto una
idea que surgió luego de una consulta en la que la madre, tras relatarle a su
hija de 5 años cómo había nacido, y entender ella sus miedos y desconfianzas, le pidió
escribir una carta al doctor para que supiera lo que ella había vivido.
Carta de Clara al Dr. que
asistió su nacimiento (una inducción innecesaria).
“No hagas lo que a mí me
hiciste, porque me puse triste.
No se lo hagas a otros
bebés, porque es muy feo, es muy malo, no se lo hagas a otros bebés que me puse
muy triste (¡pero muy triste!)
Él no me dejo estar con
mamá, porque yo necesito la teta de mamá, no necesito a vos.
Es muy feo.
No te
voy a amar.
Y yo no necesito la
mamadera, porque necesito la teta de mamá, porque necesito a mamá, porque la
amo.
No le pinches la bolsita,
no estés apurado, cuando yo quiera salir, no estés apurado.
Si estás apurado,
es muy feo.”
Nota: Luego
de enviarme esta carta, la madre volvió a escribirme "Ayer Clara me dijo que soñó
con el medico "malo" y que le dijo que él leyó la carta que ella le
mandó y entonces lo perdonó".
No todo es el nacimiento.
Muchas veces la consulta viene de una familia desconcertada: el nacimiento fue bello, en paz. En el hogar. No hubo separación. Pero el niño de todas maneras demuestra una gran desregulación. Quizás su desorganización no comenzó en el momento clave del nacimiento, sino a lo largo de sus primeros años de vida. Ausencia de medidas anticipatorias. Experiencias inesperadas no necesariamente traumáticas pero que sí han sido vividas como tales por parte del niño.
Toda experiencia que no es esperada puede ser altamente desorganizadora, sobre todo para una persona en construcción.
Restaurando el paradigma original
Si quisieras ahondar a
un más sobre el tema, existe la Conferencia Online de 2 hs de duración. Es de un costo muy bajo, accesible a cualquier bolsillo, y de información valiosísima, tanto para familias como para profesionales.
Si quisieras ahondar a
un más sobre el tema, existe la Conferencia Online de 2 hs de duración. Es de un costo muy bajo, accesible a cualquier bolsillo, y de información valiosísima, tanto para familias como para profesionales.